Las chabolas de San Marcelino amanecen inundadas tras las lluvias

El aumento de lluvias torrenciales agravan la situación de las comunidades chabolistas de València, especialmente en San Marcelino.

Las lluvias en València capital son conocidas por concentrar en muy poco tiempo fuertes descargas de agua. Es cierto que es un reto infraestructural, pues a la hora de drenar mucha agua en a penas unas horas no es fácil, sobre todo, teniendo en cuenta la acumulación de hojas, residuos y basura que de forma natural se asientan en las alcantarillas. No obstante, en los últimos meses, las chabolas están viviendo las consecuencias más drásticas de estas lluvias torrenciales.

La ciudad de València tiene en la actualidad 41 asentamientos chabolistas oficialmente registrados. La mayoría están en la periferia de la ciudad, sobre todo en los barrios de Quatre Carreres, San Marcelino, Campanar, Orriols, Benimaclet, Natzaret o la Malva-rosa.

Los habitantes de estas aldeas chabolistas tienen tienen perfiles muy variados, como por ejemplo los temporeros o indigentes en los del centro y familias gitanas y, en menor medida, rumanas, en la periferia.

De forma intermitente, también hay poblados itinerantes que se levantan de forma intermitente en el solar de la Avenida de Aragón pegado al estadio de Mestalla, una parcela en la que estaba el “nuevo” ayuntamiento y en la que ahora se construirá un hotel de lujo.

Desde diversas asociaciones vecinales denuncian que tras el aumento de las lluvias en el último año, la vivienda en este tipo de lugares “es insostenible”.

Según la Agencia Estatal de Meteorología (aemet), el pasado 2020 ha sido “extremadamente cálido y muy húmedo” en la Comunitat Valenciana, con un 28 por ciento más de precipitaciones de lo normal, lo que lo sitúa en el ranking de lluvias como el más lluvioso de los últimos diez años.

Este hecho ha provocado que muchas chabolas se conviertan en auténticas casas flotantes donde en muchas de ellas viven familias con hijos.

Por el momento la Concejalía de Inserción Sociolaboral del Ayuntamiento de València, que es la que se ocupa de la vivienda precaria con la ayuda de la Fundación Adanna, trabajan para apoyar desde los servicios municipales a todas las personas que están en esta situación.

Independientemente del perfil que presenten, su labor se centra básicamente en las familias, por eso, la ayuda no llega a las viviendas físicas. Solo en 2019, antes de que la pandemia irrumpiera en la sociedad, se atendieron a 71 núcleos familiares en esos 41 asentamientos, siendo especialmente destacados los 22 de la entrada a las Escuelas de Malilla, los 6 del Camino Nuevo de Paterna o los 4 de Natzaret.



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