La profesionalidad e indefensión del colectivo docente ante la pandemia

Columna d'Amparo Adalid, delegada sindical d'Educació (CSIF) sobre professorat, alumnes i mesures contra el coronavirus

AVL

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha alterado la vida de todas las personas, afectando a todos los sectores y generando nuevos retos para adaptarnos a la nueva realidad. Con la llegada del virus, el sistema educativo sufrió las consecuencias de forma severa, viéndose obligado a cerrar los centros educativos para frenar su expansión, situación que jamás había ocurrido. Se tuvieron que readaptar las clases al formato online, donde no todo el alumnado puede seguirlas de la misma manera a pesar de los esfuerzos del personal docente. No podemos obviar que existe una brecha educativa donde el alumnado más desfavorecido sufre las consecuencias, acentuándose las desigualdades en situaciones como la que estamos viviendo y es la educación pública la que debe paliar dicha brecha educativa.

Con la vuelta a las aulas de este curso ha habido mucha incertidumbre sin saber con lo que nos íbamos a encontrar, con un plan de contingencia, protocolos, aulas burbujas, confinamientos, mascarillas, distancia social, gel, miedo, contagios, etc. Ha tenido que pasar todo el personal educativo, tanto alumnado como profesorado y no solo los niños de 3 años, por un periodo de adaptación, un periodo de adaptación hacia la “nueva normalidad”, hacia la “nueva forma de educar”, intentando nuevamente superar los retos que esta pandemia nos plantea.
Pero si pensábamos que la vuelta a las aulas fue dura, más dura ha sido su reinicio después de las vacaciones de Navidad, donde nos hemos encontrado un escenario más terrorífico si cabe, teniendo que sufrir un cóctel explosivo entre la llegada de la “ola de frío” y la “tercera ola de COVID”. Se han impartido clases con temperaturas inferiores a 10 grados, cuando la normativa indica que con 17 grados no se debería trabajar en las aulas, añadiendo de esta forma otro riesgo más al personal docente y alumnado.
La seguridad en las aulas no debe basarse en abrir ventanas, por eso en octubre con tiempo suficiente para actuar, desde CSIF iniciamos la campaña “por un aula segura”, con la intención de mejorar la calidad del aire de los espacios cerrados con una correcta ventilación y filtrado del aire a través de purificadores en todas las aulas. Conselleria hizo caso omiso a nuestras reivindicaciones y propuestas, y como siempre ocurre, esperar al último momento no permite margen de maniobra y esto ha hecho que Conselleria de Educación llegue tarde de nuevo. A esta situación debemos sumar la aportación insuficiente de filtros HEPA, ya que además del retraso en su instalación solo disponemos de 8.000 para las 47.000 aulas que tenemos en la Comunidad Valenciana.

Nos encontramos ante una situación de desprotección del personal docente donde urge que Conselleria de Educación adopte las medidas necesarias para proteger a sus profesionales, suministrando mascarillas de protección FFP2 a sus trabajadores, realizando su compra de forma centralizada y no dejar esta medida a cada centro, ya que el empleador es Educación. Por otro lado, a estas alturas del curso aún no se ha regulado ningún “permiso COVID” para docentes que tengan hijos/as que se encuentren confinados. Existe un “vacío legal” donde se produce indefensión y no queda claro las pautas a seguir por los profesionales de la educación ante esta situación, pues no se ajusta a una baja médica convencional.
En plena ola y debido al alto número de contagios, CSIF pidió el cierre de centros educativos cuando la Comunidad Valenciana estaba en cabeza de las autonomías con más incidencia; pero a esta reivindicación Conselleria también hizo caso omiso. Además, también hemos solicitado que tanto docentes como alumnado se reincorporen al centro, después de haber sufrido un positivo COVID, con la certeza de que dan negativo en la prueba PCR. Lamentamos que en muchos casos retornen sin prueba negativa al dejar de tener síntomas, poniendo en peligro la salud del conjunto de la comunidad educativa y generando más inseguridad.
No nos encontramos en un escenario sencillo, donde sin duda las situaciones que hemos vivido y las que nos quedan por vivir hasta que acabe la pandemia van a dejar secuelas tanto en el alumnado como el profesorado por el gran estrés sufrido. Además, no debemos olvidar que educar no es otra cosa que socializar y debido a la situación en la que nos encontramos, donde debemos ir con mascarillas, guardar la distancia social, solo nos podemos socializar con nuestro grupo, por lo que el desarrollo de las habilidades sociales se verá afectado negativamente.
Todas las personas involucradas en el ámbito docente nunca olvidaremos la experiencia vivida durante estos dos cursos, donde se nos plantea un escenario inimaginable el cual está siendo superado a través de compromiso, dedicación y vocación con la que los profesionales educativos están haciendo frente a la pandemia.
No se puede negar que los docentes han estado y están al pie del cañón, pues sigue la educación a distancia en determinados momentos, confinamientos, contagios en las aulas, frío…. Sin existir las suficientes medidas de seguridad en las aulas, tal y como ha denunciado CSIF en reiteradas ocasiones.

Cabe destacar también el sobreesfuerzo de los equipos directivos, que se encuentran desbordados porque a sus tareas habituales ahora se suman las añadidas a esta situación, donde no hubo pautas claras en el inicio de curso generando incertidumbre, siendo insuficiente la respuesta de Conselleria delegando demasiada carga y responsabilidad en ellos. El sistema educativo debe salir reforzado de esta situación y aprender de ella, aumentando los recursos técnicos disponibles e invertiendo en la formación de los docentes, pues ha quedado demostrado que nuestro sistema educativo no estaba preparado para la crisis en la que nos encontramos.

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