El joven director

La opinión de Vicente Cornelles, periodista y escritor

Como siempre, excepcional. Marcel Ortega, director de la Banda Municipal de Castelló, lo bordó al frente de la primera institución musical castellonense en el concierto que abrió las fiestas de Lledó, el Cantante Mariae, con obras de Musorgsky, Gotkovsky, y un gospeliano Omar Thomas.

Con un poco más de 31 años, no solamente es el miembro más joven de la más que centenaria agrupación bandística de la capital de la Plana, una de las señas de identidad de la ciudad, en paralelo con El Fadrí, la basílica de Lledó, la Iglesia Mayor, la Societat Castellonenca de Cultura o la Filarmónica, sino que desde su primer concierto, el 4 de enero de 2019, ha mostrado una categoría profesional que trasciende lo puramente artístico para adentrarse en lo pedagógico -el proyecto Escola Canta ha unido niños y acordes en una maravillosa experiencia-, y en el virtuosismo más exacerbado de las grandes veladas enardecidas cuando suenan los vientos, la percusión, las cuerdas y el metal.

Marcel podría estar en Londres o Viena, pero aprobó el concurso oposición de titular de la entidad castellonense, después de un periodo de ambigüedad legal que tal colectivo arrastraba hace tiempo, y se siente feliz en esta tierra.

Recibido escépticamente y con caras largas por parte de algunos sectores sociales por su ideología (la burguesía que se cree ilustrada es a veces muy ignorante), el maestro se ha consagrado como un músico de alta gama, con una formación y currículum de vértigo.

Es titulado en Dirección de Orquesta y Coro por Musikane, una especie de ‘Alla Scala’ de educandos superiores en el País Vasco, pero, además, con estudios complementarios en Bolonia (centro Martini) y Ginebra (Alta Escuela Superior de Música) y ocupa plaza de batuta en la Orquesta de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona y de la Joven Orquesta Intercomarcal. Pero, por si fuera poco fue niño cantor en la Escolanía de Montserrat (‘virolai’ tantas veces cantado, ‘rosa d’abril, rosa morena…’), y en la Capilla Gregoriana de la catedral de Bolonia.

Renacentista del siglo XXI, su humanidad es envidiable. Sensible a raudales, y especialista en afinación, su versatilidad le permite un abanico de interpretaciones que van desde lo más popular, -todavía resuenan los ecos del Festival de Marchas Templarias-, a lo más profundo, sofisticado y palpable, como la música de Mozart o la disonante vanguardia. La Banda Municipal ha recobrado una calidad que la devuelven a sus fueros triunfales de resonancia internacional.

El ‘mestre’ Ortega ha intercambiado los olivos y avellanos de La Secuita natal, en el Tarragonés, por los naranjos dorados de las tierras de la Plana, y ambas son fuentes de inspiración en cada una de sus apariciones al frente de la Banda Municipal. La de Castelló. La de Marcel.

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