El último de los esfuerzos

La opinión de Vicente Cornelles, periodista y escritor

El anuncio de que el 26 de junio podremos ir sin mascarilla en el exterior y la creciente administración de las vacunas contra la pandemia son dos de las inmensas alegrías en estos días de pandemia. Por un lado, la masiva vacunación es el gran tema de conversación.

En el trabajo, en los bares, en las terrazas, en las tertulias, en el hogar… “Ya estoy vacunado con la primera dosis”. “Ya he recibido la pauta completa”. “Qué fácil ha sido vacunarse”. “Por fin, ya he recibido la vacuna”, son las frases de júbilo de los castellonenses estos días, que ven como la pesadilla del coronavirus se va alejando.

Sin embargo, la espesura del bosque de estos hechos gozosos puede que no dejen ver los árboles que nos recuerdan que el virus todavía está presente. Bien es cierto que con la pauta completa de la vacunación se consigue la inmunidad, pero pese a las buenas cifras de un contagio que va descendiendo paulatinamente, especialmente en la Comunitat Valenciana, y, por ende, en Castelló, hay que seguir apelando a la responsabilidad individual para que sigamos extremando medidas de seguridad y protección.

No caigamos en el delirio del ‘dolce farniente’, tan tentador en el verano que nos llega, y con ello, desoigamos la llamada a ser prudentes. El cuerpo nos pide marcha y hay unas inmensas ganas de disfrutar después de tantos meses de renuncia. Sin embargo, debemos hacerlo paso a paso.

Por otra parte, ir sin mascarilla por la calle nos traerá vientos de optimismo. Demostrado está que el covid-19 se propaga en interiores, por lo que continuar con el tapabocas en la oficina, en casa ajena, en un bar o una discoteca no será un gran sacrificio después de lo que hemos pasado. También guardar las distancias prudenciales seguirá siendo una garantía para prevenir males mayores.

Unas nuevas condiciones de vida que no nos privarán de poder regocijarnos en las vacaciones que nos llegan. Será un verano ‘casi’ normal y muy diferente al del año pasado, cuando las limitaciones fueron más numerosas. Pero, el camino por lograr la absoluta normalidad pasa, sin ambages, por apurar últimos momentos de restricciones.

Por sorber las postreras dificultades que nos traigan la liberación más rotunda (ese día, como en la novela de Dominique Lapierre y Larry Collins, gritaremos ¡Esta noche, la libertad!). Vale la pena comportarnos valientemente como hemos hecho hasta ahora. Valoremos lo que pudimos hacer el año pasado por estas fechas y las hermosas posibilidades que se abren en un futuro próximo. Si actuamos con sentido común, la victoria sobre el coronavirus está hecha.

Somos inmunes, pero menos de lo que pensamos. Solo si desde la esperanza hacemos un ejercicio de responsabilidad. El último de los esfuerzos.

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