La literatura no salvará el litoral de la corrupción urbanística

Opinió de V.Bisquert, regidor de Benitatxell sobre el Pla Pativel i la necessitat de prohibir urbanitzar en espais naturals i primeres línies de platja, com a mesura de protecció del medi ambient

Si hay un elemento que siempre ha sido intrínseco a la literatura es el hecho de tener la libertad y la capacidad de denunciar las miserias humanas que ni la opinión mediática ni los poderes públicos se han atrevido a cuestionar. Al menos públicamente.

Así, fruto del silencio cómplice de la clase política, los medios y otros sectores de poder contra el exterminio sistemático de las costas y los ecosistemas marinos que sufrimos desde hace décadas, autores tan ilustres como Manuel Vázquez Montalban con su obra Los mares del sur o, más recientemente, el escritor de Benitatxell Josep Buigues Colomer con su novela Les espines del peix, han tenido que utilizar algunas de las historias que nutrían sus libros para hacer visible al público lector un problema social, ambiental y demasiado endémico en este país como es la especulación urbanística y la destrucción del litoral marítimo. Un problema que, además, va unido demasiadas veces a la corrupción. Pero a pesar de ello y de que se trata de un tema crucial que nos debe preocupar, se sigue hablando muy poco en los telediarios y en las redes sociales.

Es por eso que la noticia aparecida el pasado 11 de febrero en la que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) anulaba el Plan de Acción Territorial de la Infraestructura Verde del Litoral de la Comunitat Valenciana (Pativel) aprobado el 2018 por el Consell, es una noticia inmensamente triste y dolorosa para las personas que tenemos una cierta conciencia medioambiental y nos preocupa que nuestro litoral siga sin una legislación clara que lo proteja, mientras el ladrillo y el hormigón van esquilmando, poco a poco, los pocos espacios naturales que nos quedan.

Porque el Pativel, aunque llega tarde y es, como siempre, mejorable, iba a permitir establecer una normativa supramunicipal clara para crear una infraestructura verde que protegiera más de 7.500 ha. de litoral de una costa, la valenciana, donde según recoge el informe “A toda Costa” de Greenpeace, el 22,9% del litoral valenciano ya ha sido urbanizado. Siendo la segunda comunidad de España con más costa urbanizada. Y esto, como señala el mismo informe, tiene graves efectos sobre la biodiversidad, el cambio climático y, también, sobre la economía, ya que destruir el litoral supone terminar con la posibilidad de pasar de un turismo de masas destructivo y agotado a un turismo sostenible y en conexión con los espacios naturales no transformados.

De esta forma, y más allá de la decisión tomada por el TSJCV y de los recursos que se vayan a presentar para su subsanación, la devastación de los hábitats costeros que viene produciéndose desde finales de los años sesenta y la posibilidad de seguir urbanizando sin control en un litoral cada vez menos verde y más artificial debe preocupar enormemente a la ciudadanía. Y es por eso que debemos hacer que la protección y conservación del litoral se convierta en una reivindicación social primordial y urgente. Una reivindicación que abra telediarios, que esté presente en los debates parlamentarios y que inunde las redes sociales de denuncias públicas.

Porque, como todos sabemos, el ruido mediático que vivimos a diario con los casos de corrupción, familias reales, cantantes encarcelados y con una pandemia de por medio, hace que un problema ambiental como es la destrucción del litoral quede desdibujado en la conciencia colectiva y no sea una preocupación nacional. Solo hay que analizar los datos que nos brindan las encuestas del CIS para observar que no es una desazón de primer nivel para la ciudadanía.

Pero aunque ahora pueda parecer un problema secundario, la destrucción del litoral nos debe empezar a preocupar a todas y a todos y debemos trabajar desde nuestros espacios y desde nuestras redes de contactos para que se convierta en una exigencia ciudadana capital que esté presente y visible en la opinión pública. Porque de la mayor o menor conservación y regeneración del litoral marítimo dependen cuestiones tan trascendentales para nuestra supervivencia como especie y la de nuestro planeta como es la disminución de los efectos de determinados desastres naturales sobre las poblaciones que los sufren, o la capacidad de seguir manteniendo los necesarios equilibrios de hábitats y de especies animales y vegetales y así reducir considerablemente los efectos del cambio climático que padecemos.

Pero además, como vienen exponiendo expertos biólogos desde hace tiempo, el aumento de espacios naturales modificados por la acción humana, como pueden ser las urbanizaciones en primera línea de costa, también va a provocar un aumento del riesgo de padecer nuevas pandemias y epidemias en el futuro.

De esta forma, y aunque es cierto que la salvaguarda de los espacios litorales depende en gran parte de la acción política y de la aprobación y ejecución de normativas claras y eficientes, como señala el ya mencionado informe de Greenpace, no podemos dejar la solución de este problema solo en manos de la política, como tampoco lo dejaríamos todo en manos de la literatura. Si queremos salvar nuestras costas y también nuestros mares es más necesario que nunca volver a apelar a la acción colectiva.

Debemos ponernos desde ya a trabajar para que la destrucción que sufren los litorales marítimos sea una tema que vuelva a estar presente, de forma constante, en la opinión pública. Es necesario que se hable y se discuta sobre esta problemática medioambiental y que, por ende, las administraciones públicas terminen tomando decisiones reales y efectivas.

Pero para que esto ocurra necesitamos la protesta y la acción en la calle y en las redes sociales. Necesitamos una sociedad organizada en movimientos vecinales y ecologistas que vuelva a establecer la protección de los litorales como una de sus grandes luchas a corto plazo. Además, también necesitamos que este problema entre de forma clara y se trabaje en los centros educativos, porque las niñas y niños que eduquemos hoy serán el reflejo de la sociedad de mañana.

En definitiva, necesitamos realizar un gran trabajo de pedagogía social y, sobre todo, que se nos escuche de verdad, alto y claro. Porque por mucho que los libros nos permitan soñar, evadirnos de la realidad e imaginarnos mundos idílicos, la literatura no salvará la destrucción del litoral. Pero la protesta y la acción colectiva organizada sí.

Víctor Bisquert, concejal de Poble Nou de Benitatxell

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