Apresúrense

Joan F. Prim i Ibanyes, fallero y Presidente de l'Agrupación de Fallas Olivereta cuestiona el nuevo decreto sobre el uso y horario de los casales falleros

Desde el estallido de la pandemia a causa de la COVID 19 ahora hace ya más de 14 meses la sociedad en conjunto nos hemos visto abocados a una espiral de normativa legal, una parte importante de ella, con recortes a los derechos fundamentales de la ciudadanía. Cosas que hasta el momento nos podrían parecer como rasgos de una novela distópica, se han ido materializando una detrás de otra.


No sin carencia de razón el activista de Amnistía Internacional Nicholas Bekelin aseveraba hace unos meses que “los gobiernos tenían que evitar la desinformación y proporcionar orientación para la salud oportuna y exacta”. El gobierno central allá por febrero del 2019, no quiso ver lo que pasaba, miró hacia otro lando cuando el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades recomendaba la distanciación social, o los anteriores avisos de la OMS sobre la peligrosidad del virus proveniente de Wuhan.


Aquí, en nuestra casa, ignorantes y felices festejábamos con mascletaes y 8 de marzo la inconsciencia de los gobernantes patrios mientras el virus botaba de unos a otros sin ningún control.


Ahora, con la vaccunació masiva, la IA más baja de casi toda la Unión Europea, en la Comunitat Valenciana ha llegado el momento de la “nueva normalidad”. Ah! Pero, la nueva normalidad no reúne para todos a la misma velocidad y el gobierno de la Generalitat trata a las fallas igual que el gobierno central trata a nuestros trenes de cercanía.


La gota que ha hecho salirse “el riu de mare” ha sido el nuevo Decreto publicado este sábado 4 de junio al DOGV, donde muchos de los sectores afectados por las limitaciones de horarios y actividades han recibido un poquito de aire para poder salir adelante. Menos las Fallas.


A lo largo de la pandemia, las fallas en su conjunto se han comportado de forma ejemplar, sin infracciones por parte de las comisiones, con espíritu colaborador y amable, con infinita paciencia –por el bien de todos-.


Aquí y ahora, no conozco ningún argumento que pueda hacer sostener los horarios y régimen de uso de los casales comparado con los bares, restaurantes, salones de banquetes aprobados por el nuevo Decreto del Consell. Hechos son amores; menos halagos de cara a los micrófonos agradeciendo el esfuerzo de las comisiones después de las mesas de trabajo y más realidades.


Hay que rectificar y hay que hacerlo ya, la situación de muchas comisiones es sencillamente desesperada. Sean igualmente prudentes y flexibles, como lo estando siendo con el resto de sectores, pero no nos destierran y nos hagan sufrir de forma arbitraria e injustificada con restricciones que hoy en día, no tienen ningún sentido. Apresúrense.

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