01:02 - miércoles, 21 febrero 2024

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Dibujando a… Ximo Puig

La larga trayectoria de Puig no está exenta de un Guernica político que amenaza ahora con un resultado incierto y condicionado al color del diputado 51 en Corts Valencianes.

Ximo Puig Ferrer, nació el 4 de enero de 1959 en Morella. Antes de entrar en política, trabajó en diversos medios de comunicación, incluyendo el periódico Mediterráneo de Castellón, la Agencia EFE, Radio Popular y Antena 3 Radio, además de en el Ayuntamiento de Carcaixent​​.

Comenzó su carrera política como militante del PSPV, siendo elegido diputado por Castellón en las Cortes Valencianas en 1983. En los años siguientes, se desempeñó como director de Relaciones Institucionales e Informativas de Corts Valencianes entre 1986 y 1995​.

En 1995, fue elegido alcalde de su ciudad natal, Morella, cargo que revalidó en 1999, 2003, 2007 y 2011​. A partir de 1999, también ejerció como diputado en Corts Valencianes por Castellón, desempeñando cargos de especial relevancia, como el de portavoz parlamentario y vicepresidente segundo de Corts Valencianes.

En 2008, Puig presentó su candidatura a la secretaría general del PSPV, pero fue derrotado por el alcalde de Alacuás, Jorge Alarte, por un estrecho margen de 20 votos. Sin embargo, en 2012, Puig fue elegido secretario general del PSPV con el 63% de los votos​​. Desde junio de 2015, Puig ha sido presidente de la Generalitat Valenciana, siendo reelegido en 2019 después de ganar las elecciones a las Cortes Valencianas de ese año​.

El cubismo parlamentario

Ximo Puig toca poder en 2015, el declive del PP le da la llave de la Generalitat en un débil resultado pero suficiente para asumir la presidencia del Consell. Sin embargo pese a poder llevar la batuta no puede olvidar que se trata de un baile con los tres músicos: PSPV-PSOE, Compromís y Podemos. 

A partir de aquí la geometría parlamentaria se vuelve crucial para el gobierno: una legislatura donde se gobierna como si de una sola paleta de colores se tratase y el hincapié en gobernar desde otra perspectiva muy distanciada de los años de gobierno del Partido Popular, siendo incluso capaz de aprobar a tiempo los presupuestos negociados con los socios de gobierno.

Puig trata desde el primer momento de configurar su propio autorretrato como un presidente moderado, promotor de políticas sociales pero sin perder nunca la foto con los empresarios. Además proponiendo un proyecto territorial nacional que beneficiase a la Comunitat Valenciana y mostrase otra cara del paisaje mediterráneo.

Sin embargo de cara a 2019 el adelanto electoral deja con el pie cambiado a Compromís y se pasa de la amistad al stylette. Puig consigue una amplia mayoría y no sólo consigue ampliar espectro a costa de Compromís, sino que consigue ver al gato del PSOE devorando a la gaviota del PP.

El expresionismo del Botànic II

Las elecciones marcan un antes y un después en la relación de Ximo Puig con sus socios de gobierno: Compromís ha aprendido la lección y Unides Podem-Esquerra Unida no se quiere quedar fuera. Ahora el pacto de gobierno se acerca más a la familia de saltimbanquis de competencias para no acabar en una crisis interna.

En marzo de 2020 sobreviene la desgracia y Puig se enfrenta al autorretrato ante la muerte y sale aparentemente ileso, ha sido uno de los políticos menos desgastados por la gestión del covid-19, pese a las innumerables protestas posteriores del sector sanitario que incluso han tenido que pasar por tribunales.

A partir de aquí cobra fuerza un expresionismo político donde las formas se van desdibujando, empiezan a sonar con más fuerza casos que desprestigian a la primera línea del Consell, la muerte de Ciudadanos comienza a ser una realidad y entra en escena el hombre con guitarra de Marengo que toma el relevo a Isabel Bonig en la oposición. 

El Guernica de Puig

Sobre Puig no cae solo una sino varias bombas políticas, la primera el caso Oltra, que pese a no ser de Compromís salpica a Puig como su número dos en el gobierno. La Oltra Pensativa no dimite y finalmente debe ser Puig quien la cese, tras la presión mediática tras la imputación.

Le sigue a Puig en este asalto el caso de su hermano y los numerosos contratos de los que ha sido beneficiario a través de su empresa desde que el President fuera alcalde de Morella. Esta situación no solo pone contra las cuerdas a Puig por dar en su familia, sino que desmonta a partir de ese momento el discurso de la herencia de corrupción del PP.

Azud se suma también al calendario judicial y lo que podría parecer otra causa que iba a pintar otra capa en el lienzo de la corrupción del PP acaba salpicando de lleno al PSOE valenciano que también se traduce en la dimisión del síndic socialista Manuel Mata.

Las cartas para 2023

Ximo Puig, como buen jugador de cartas político, ha buscado sortear la crisis post-pandemia y los casos de corrupción con un gran paquete de medidas sociales con impacto directo en el bolsillo del contribuyente de clase media: bonos transporte, bonos de viaje y bonos de cesta de compra entre otros.

Puig ha lanzado una campaña muy personalista, alejada de la imagen de marca del PSOE y evitando vincularse demasiado a la figura de Pedro Sánchez, que resta, y acercándose a sus barones locales, que suma. El pulso con Mazón ya le deja como segundo en las encuestas, pero no le aleja de El Sueño de consumar un Botànic III.

Como en Las Meninas, el cuadro del próximo domingo se vuelve tremendamente complejo: las luces y sombras de la campaña dejan el futuro de los próximos cuatro años aún sin dibujar. Sin embargo queda claro que Las Meninas de Picasso marcadas por las políticas de bonos sociales, promoción del aparato público en sanidad y educación y fomento a través de las inversiones como en los casos de Wolkswagen y Ford.

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