Y de repente, pandemia…

Montserrat Angulo, presidenta del Col·legi d'Infermeria ens relata com han viscut els sanitaris aquest any pandèmic.

AVL

Andábamos hace un año con la vista puesta en la vecina Italia (Wuhan parecía que nos cogía un poco lejos a pesar de todo) y en la llegada de la primavera, cuando justo una semana antes vimos cómo nos confinaban en casa, mientras teníamos que luchar contra un verdadero tsunami de contagios por la Covid-19 que nos puso en jaque a todos, pero muy especialmente al sistema sanitario.

La provisión habitual de equipos de protección resultó del todo insuficiente para las necesidades que se nos plantearon en las semanas y meses siguientes. Tuvimos que hacer frente a ello con un agudizado ingenio forzado por las circunstancias y al mismo tiempo con un miedo terrible a un enemigo totalmente desconocido, del que apenas se tenía información y al que vamos conociendo poco a poco sin llegar a saberlo todo del mismo aún.

El sistema sanitario era incapaz de atender la avalancha de pacientes que se nos vino encima y cuando después de varios meses conseguimos aquello de “doblegar la curva”, nos dimos cuenta de que las cosas ya no eran como antes y que iban a tardar mucho en volver a serlo. 

Todo apuntaba a que llegarían nuevas olas de contagios con la incertidumbre de cuándo y con qué virulencia llegarían. Por suerte, no nos pillaron ya de sorpresa como la primera ola y gracias a la mayor dotación de material e instalaciones para atender a los pacientes y a contar con los equipos de protección suficientes hemos sido capaces de responder en mejores condiciones a situaciones que, como esta tercera ola, han sido todavía más intensas y virulentas que la primera.

A las enfermeras y enfermeros, y a los profesionales sanitarios en general, nos ha quedado la satisfacción del reconocimiento por parte de la sociedad, un reconocimiento que también lo ha sido de palabra por parte de la Administración, pero que no se ha visto correspondido con las medidas anunciadas en muchos casos. Atrás quedaron infructuosas comisiones de reconstrucción en las que se depositaron muchas esperanzas de mejora y solución de unas carencias que, como la baja ratio enfermera/100.000 habitantes, veníamos denunciando desde la Organización Colegial de Enfermería desde hacía muchísimo tiempo. Como tampoco se han materializado a la hora de vacunar a las enfermeras y enfermeros del sector privado, haciéndolos sentir sanitarios de segunda, cuando en realidad lo son de primera igual que los del sistema público.

Sin embargo, creo que nunca llegará a saberse realmente la incertidumbre y el miedo con los que tuvimos que trabajar en aquellos duros momentos del principio. Una incertidumbre y un miedo superados a base de valentía y entrega para atender a nuestros pacientes, pero que estuvieron muy presentes. 

Miedo a contagiarnos, sí, pero un miedo que en mucha medida lo fue también por el peligro de llevar el coronavirus a nuestros vulnerables pacientes, a nuestras familias y, sobre todo, a esas personas mayores que todos tenemos y a las que debíamos seguir prestando atención.

Evidentemente, tras un año de lucha contra el coronavirus estamos mucho mejor preparados, pero este enemigo se empeña en buscar caminos alternativos para sortear nuestras barreras de protección con mutaciones y buscando cómo esquivar el escudo que nos proporcionan las vacunas. No nos deja llegar a conocerlo del todo y mucho me temo que vamos a tener que hacernos a la idea de tenerlo con nosotros durante bastante tiempo, aunque sea de forma estacional.

Sea como sea, las enfermeras y enfermeros vamos a seguir estando ahí y si bien no quiero hacer un relato muy político de los hechos, no quiero dejar pasar la ocasión para volver a referirme a esas buenas palabras de nuestros gobernantes que al final han acabado siendo arrastradas por el viento. Retómenlas, plásmenlas en medidas concretas, en esas medidas que ya saben cuáles son. Y no lo hagan solo por los profesionales sanitarios, háganlo por toda la sociedad, que también ha tenido y tiene aún mucho miedo y sigue siendo vulnerable.

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