El arte y la cultura, símbolo de resistencia

Iván Jiménez, director, autor y pedagogo de Teatro, nos invita a disfrutar del arte y la cultura esta primavera.

Un año después de que este virus nos cambiara la vida por completo, no puedo evitar echar la vista atrás y ver como contra todo pronóstico el arte y la cultura han cavado una pequeña pero simbólica trinchera para recordarnos que seguimos siendo humanos, seguimos siendo pueblo, seguimos siendo.

En los momentos más difíciles en el confinamiento, muchos familiares y amigos me decían con cariño que por qué no pensaba en reinventarme, en probar cosas nuevas. Mi profesión desde hace más de 10 años, está en los escenarios y detrás de una cámara fotográfica. Profesiones que durante muchos meses parecían encaminadas a una larga hibernación qué podría haberse convertido casi en una extinción. Han sido y siguen siendo momentos muy oscuros para los que nos dedicamos al arte y a la cultura.

Pero que nadie piense que antes de la pandemia las artes escénicas gozaban de buena salud en nuestra ciudad y en nuestra provincia. Sobrevivir era el objetivo y por desgracia o por suerte sigue siéndolo. Algunos compañeros y compañeras, me consta que han tenido que renunciar a seguir luchando por trabajar en algo que les apasiona y hace que el conjunto de la ciudadanía se apasione y disfrute de su trabajo.

Esta pérdida de convencidos militantes del arte y la cultura, supone un duro golpe que tardaremos mucho tiempo en encajar.

Pero seguimos en la trinchera. Más cansados, casi agotados de intentar generar empatía con las administraciones, con los gestores, … Algunos han sabido ponerse a la altura de las circunstancias y compartir el hecho científico de que la cultura es segura. Y necesaria. Más que nunca. Gracias a esas mujeres y hombres valientes, que muchas veces han tenido que defender la apertura de sus espacios y su voluntad de programar ante los que consideraban el riesgo sanitario por encima de la necesidad de mantener vivo a un sector, que debería ser considerado como esencial dentro de nuestra sociedad.

Por favor que nadie interprete que mi intención es criticar las medidas sanitarias. En absoluto, soy un ferviente defensor de los expertos científicos. Pero la realidad es que teniendo una normativa sanitaria autonómica que permitía abrir los equipamientos culturales con aforo reducido y con todas las medidas de seguridad, muchos organismos públicos han decidido por su cuenta y riesgo ser “prudentes” y paralizar toda actividad cultural y artística en nuestra provincia.

Por suerte esta primavera parece que la alegría ha llegado y los espacios vuelven poco a poco a llenarse de vida.

Durante este último año cada vez que he entrado en un teatro me he sentido mejor. Me he sentido seguro. Mucho más que cuando he viajado en transporte público.

Me he podido reconocer en las miradas de los que tenía a mi alrededor. A dos metros de distancia y tras la mascarilla, podía notar su emoción. La emoción de estar formando parte de algo más grande, del acto escénico que necesita de los artistas y del público.

A la salida vuelve la bofetada de realidad y las carreras por llegar a casa antes del toque de queda, la imposibilidad de compartir en pequeños corrillos la experiencia vivida. Pero aun así el aroma de lo vivido sigue presente tiempo después. Días después.

Lo único que quería decir, más bien es una petición, es que por favor, vayáis a los teatros, a los museos, a los cines, a las salas de concierto. Os garantizo que os sentiréis más humanos. Os sentiréis mejor.

La cultura es segura y os necesita. Y nosotros a ella.

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