Vacuna para asintomáticos emocionales por COVID-19

La opinión de Janeth Ibargüen, psicóloga cognitivo-conductual y docente

AVL

El hecho de ser psicóloga no me libró de vivir el coctel emocional que se siente cuando te dicen “Usted ha dado positivo por COVID-19”.  En tu mente, aparece una avalancha de preguntas que te arrolla ¿Quién me ha contagiado? ¿Qué ocurrirá en mi cuerpo? ¿Contagiaré a mis seres queridos? ¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo lo cuento en casa, sin alarmarles demasiado?  Luego de tantas preguntas intentas darte respuestas y es ahí donde aparece el miedo, la ira, la incertidumbre, la culpa… Y cuando te calmas y piensas con cabeza fría, viene la tristeza a advertirte de lo mucho que puedes perder.

Bueno, ya has pasado el impacto inicial. Ahora sí empieza la batalla, y en este momento, o eres  psicólogo/a, o tienes una excelente gestión emocional, o lo que es menos probable, recibes ayuda para asimilarlo; o te veras en serios problemas para afrontar lo que se te viene. Tienes que implementar una  zona COVID en tu casa sin importar el tamaño que esta tenga, buscarán a tu familia y la harán confinarse inmediatamente, te llamarán cada día  y te pasarán la misma  lista de chequeo de síntomas ¿Tos, diarrea, fiebre…? Y luego te colgarán, no sin antes recordarte que eres contagioso/a y que tienes que permanecer en tu habitáculo.

Todo eso es necesario si queremos hacer realidad el autocuidado y la protección responsable hacia las otras personas; pero te sorprenden las formas. Echas de menos que te vean como un ser humano completo, con cerebro y emociones. ¿Qué tal si desde las instituciones se incluyen en los protocolos, preguntas que le hagan sentir a la gente que es mucho más que un cuerpo infectado y contagioso? Dentro del hospedero del virus hay una persona que siente y padece; y por supuesto, brindar herramientas prácticas para evitar o superar el colapso emocional. ¿Por qué no hay psicólogos involucrados en el protocolo de actuación, aun sabiendo que  la mitad de los síntomas son psíquicos? No podemos olvidar que este virus afecta todos los sistemas y la química del cerebro no es la excepción, por lo tanto, es normal sentirse triste, irritado, pesimista, agotado y si no se actúa frente a esos síntomas, inevitablemente se convertirán en depresión, ansiedad o cualquier otra enfermedad mental. La recuperación física costará el doble si nos olvidamos de la parte mental. Parece que aún no nos damos cuenta que nuestra mente y nuestro cuerpo son un matrimonio bien avenido y que lo que ocurre con uno, afecta al otro.

Hemos escuchado en los medios de comunicación hablar tantas veces acerca de las consecuencias psicológicas de la pandemia, que podríamos conversar horas de la depresión, de la ansiedad o del estrés postraumático, como si de vecinos de toda la vida se tratara.

Pero… ¿Qué pasa cuando colapsamos por estar en tensión por mucho tiempo? Es justo ese el origen de los “Asintomáticos Emocionales”, son todas aquellas personas que han sentido tanto y con tal intensidad que ya no pueden sentir más.  Se despersonalizan, es como si se separaran de su cuerpo y de su mente y se convirtieran en simples observadores de su propia vida, desconectándose del entorno.

Nos encontramos a los “Asintomáticos Emocionales” en las instituciones, en las aulas, en las empresas, en los hospitales, en nuestras casas o incluso podemos ser nosotros mismos. Quizá eso significa que ha llegado la hora de cambiar de estrategia, de involucrarnos de manera más decidida a darle un giro a la situación. Sin importar el rol que desempeñemos, ni la edad que tengamos, no debemos subestimar las pequeñas acciones, porque tarde o temprano te verás afectado, ya sea porque te infectes o porque le ocurra a las personas que quieres. En ese momento entenderás el valor de una llamada, de un mensaje cariñoso, de un “¿necesitas que te haga la compra o que vaya a la farmacia y te lo deje en la puerta?” y un millón de pequeñas acciones más que pueden salvar vidas.

Comportémonos como la gran familia que somos, en la familia todos se ayudan. Siempre nos importó la respuesta cuando preguntamos a alguien ¿Cómo estás? Volvamos a lo que siempre fuimos, volvamos a respirar lentamente, a mirar a los ojos, volvamos a sonreír, aunque sea debajo de la mascarilla y a conectar con las emociones más nutritivas, como la alegría, la cooperación, el entusiasmo, la motivación, la gratitud, el amor, la serenidad, vivir en presente, celebrar, saborear, enseñar… Porque si algo nos está dejando claro la pandemia es que pertenecemos, hacemos parte del todo y lo que pasa nos pasa.

- Advertisement -