Los jóvenes cambian de municipio para saltarse el toque de queda

Los grupos de veinteañeros se trasladan a los municipios cercanos para continuar con los botellones en las playas o en los parques sin toque de queda

Cuando las opciones son pocas, el ingenio se agudiza, y eso es lo que está ocurriendo con los avispados veinteañeros que intentan saltarse la ley. Desde que el pasado jueves 8 de julio la Generalitat pidiera al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) la implantación del toque de queda de nuevo, muchos ya pensaban en cómo saltárselo para seguir realizando fiestas y botellones ilegales. A día de hoy, 15 días después, los jóvenes acostumbran cambiar de municipio para saltarse las restricciones.

Tal y como anunció el president de la Generalitat, Ximo Puig, el toque de queda solo se implantó en 32 municipios. Por este motivo, aquellos que quieren incumplir esta restricción se van al municipio más cercano que no tiene toque de queda.

Es cierto que es una dinámica que se está produciendo más en la provincia de València, pero no es de extrañar dado que es el lugar donde se produce una mayor aglomeración de municipios que presentan toque de queda. En Alicante, tan solo San Vicent del Raspeig y en Castelló, Benicàssim, tienen esta medida. Por eso, València concentra el mayor número de irresponsables.

La “picaresca” se produce principalmente cuando llega la noche y cierran los bares y restaurantes. En este momento, los grupos de venteañeros, que es el umbral donde el índice de contagio está desatado, deciden continuar con el botellón en las playas y en los parques de los municipios cercanos y seguir la fiesta.

Nos da miedo tener a tanta gente en nuestro barrio y que se genere un brote importante de Coronavirus”

Vecina de Alfafar.

De momento, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ya ha reclamado más medios para frenar los encuentros masivos y el Ayuntamiento de Alfafar ha tenido que cerrar sus parques, incluso, para evitar la afluencia desde pueblos vecinos.

Esta asociación ha planteado el problema en un encuentro con el subdelegado del Gobierno en Valencia, Luis Felipe Martínez, en el que participaron el secretario jurídico y el secretario de comunicación de la entidad, Antonio Manuel Romero y Eduardo Cano.

Se quejan los guardias, entre otras cosas, de la “falta de previsión, carencia de planes de actuación y protocolos de intervención” de los agentes de la Guardia Civil en la disolución de los macrobotellones durante la pandemia.

El pasado fin de semana se vivió un claro ejemplo de la situación que describen, con un encuentro de 1.000 jóvenes en Torrevieja al que siguió otro de 400 justo un día después.

AUGC solicitó al subdelegado del Gobierno la toma de “medidas inmediatas, elaborando un protocolo claro de actuación, así como la activación de unidades más ‘duras’ de control de masas”.

Se refirieron, en concreto, al Grupo Rural de Seguridad (GRS) o la Unidad de Seguridad Ciudadana de Comandancia USECIC: Equipos preparados y con medios adecuados para la disolución de gran afluencia de personas.

Imagen de archivo.

Hasta la fecha, lamentan, “sólo se han visto actuaciones arriesgadas, con pocos efectivos, sin protección personal y poniendo en riesgo la integridad física de los agentes”. Estas disoluciones de botellones masivos, explican, “las están realizando patrullas de Seguridad Ciudadana y no el personal preparado con material específico para estos cometidos”.

En la comarca de l’Horta Sud se da la circunstancia de que una misma calle divide dos términos municipales. Esto ha obligado al Ayuntamiento de Alfafar a blindar sus parques ante la afluencia de gente de dos localidades vecinas con toque de queda, Benetússer y Sedaví, con ánimo de organizar botellones. En cualquier caso, la práctica de estas citas con alcohol es ilegal.

Por lo tanto, el conflicto no solo reside en los cuerpos de seguridad que se sienten desprotegidos y sobrepasados: los vecinos también están sufriendo las consecuencias. Una de las vecinas que viven en la calle Sedaví de Alfafar, lugar donde hay un parque grande, ha contado a este periódico que desde hace unas semanas las concentraciones bajo su ventana se han masificado.

“Siempre se han reunido jóvenes en esta zona y siempre lo hemos respetado. El problema es que desde que se instauró el toque de queda en la capital y en Benetússer esto ha crecido exponencialmente. Nos da miedo tener a tanta gente en nuestro barrio y que se genere un brote importante de Coronavirus”, explica la misma vecina que no ha querido revelar su nombre.

La costa, el lugar elegido para saltarse el toque de queda

Los mayores problemas se han detectado en zonas costeras. La gente “se desplaza desde localidades con cierre nocturno hasta las playas de otras próximas en las que no impera el toque de queda para practicar botellón y claro, aguantan hasta las 6:00 horas para que no les pillen volviendo a casa” aclaran desde la asociación.

Por ejemplo, en el litoral de la provincia de Valencia está activado el toque de queda en la ciudad, Puçol, El Puig, Alboraia y Gandia, pero no en los otros 18 municipios marítimos.

Los jóvenes no tienen más que recorrer unos metros para cambiar de pueblo y esquivar la normativa en otra localidad en la que pueden deambular más tarde de la una de la madrugada.

El consistorio ha optado por vallar las zonas propicias para este tipo de encuentros, como el anfiteatro del parque de Las Palmeras y el círculo del 8 de marzo.

Según se ha podido leer en Las Provincias, el alcalde de Alfafar, Juan Ramón Adsuara, este hecho “supone un grave peligro para la salud de la población de Alfafar y los propios jóvenes” que participan.

En esta tesitura, la Mancomunidad de l’Horta Sud ha planteado las particularidades geográficas de la zona a Salud Pública.

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