La ciudad que está cambiando

Vicente Cornelles, periodista y escritor.

Algo se está moviendo en la ciudad de Castellón aletargada. Dos años de pandemia, el natural estado de abulia de los castellonenses, el autóctono meninfotisme que tanto nos impide avanzar y nuestra costumbre patria de despreciar lo que tenemos y lo que somos, hay que decirlo claro, en una especie de complejo atavico, ha laminado las fuerzas de por sí menguantes de la iniciativa privada, y también de las instituciones, esas las que más en una acusada falta de gestión.

De entrada, la alcaldesa, Amparo Marco, anuncia reunirse con los vecinos de la avenida Lidon, dos años después de cometido el craso error de unas obras sin sentido y la incomunicación del Ayuntamiento con los afectados. Pero, porque en un año hay comicios municipales. Los tiempos del descontento vecinal no son los mismos que los electorales por desgracia. Yo, de los vecinos no iría a la convocatoria, aunque ellos sabrán.

Cambios también en el Club Deportivo Castellón, con la entrada de un inversor multimillonario canadiense, Bob Voulgaris, precisamente el día que el club albinegro cumplía sus cien años. Sería conveniente que no entraramos en la crítica fácil y el aficionado comulgara rápidamente con el nuevo propietario para hacer posible una nueva esperanza en eso del balompié local. Por su parte, la Marjaleria prepara una nueva asamblea anual que se presume reivindicativa tras siete años de silencio municipal.

En política, un nuevo partido, Som Castello, va haciendo propuestas con nuevos lenguajes y axiomas. Eso de centrismo liberal isabelino rompe el nomenclátor de los partidos tradicionales, instalados en palabras y verbos no superados desde la Transición. Fuerzas internas y subterráneas bajo el asfalto que pueden determinar el cambio en la alcaldía. Del Castello dormido nos libre Dios y se lleve la ataraxia que nos gobierna.

Vicente Cornelles, periodista y escritor.

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