La eticofobia del Partido Popular de Alicante

AVL

Ahora hace un año, un tres de febrero de 2020, ingresaba en el hospital  de La Gomera (Canaries) el primer caso de coronavirus en el Estado español: un turista alemán.  A partir de aquella hospitalización la historia de la pandemia es dramáticamente notoria. A fecha de hoy: 2.900.000 de contagiados. Más de 60.000 personas muertas. La mayoría a solas, sin la gente que estiman a su lado. Centenares de miles más presentan varias consecuencias de salud graves derivadas de esta enfermedad. Cerca de un millón de trabajos perdidos. Miles de sanitarios sometidos a una presión insoportable. Y en general mucha tristeza de una ciudadanía sometida a unas normas estrictas.

A menudo no mencionamos suficientemente las personas que cumplen y se sacrifican por el bien común. Son en este momento la mayoría de valencianos y valencianas. La gente que estamos en las grandes instituciones, los y las representantes políticos, instauramos y dejamos de instaurar normas y lo hacemos semanalmente, muchas veces sin tiempos a darnos cuenta suficientemente de los pequeños y grandes detalles del día a día de muchas personas. Por eso, os digo gracias. Gracias porque es muy duro el que se os pide y los contextos que vivís muchos de vosotros. Gracias, y también perdón.

Perdón porque los representantes políticos os hemos pedido cosas muchas veces sin tener la información necesaria. A veces contradiciéndonos y demasiado a menudo con rifirrafes absurdos. Perdón porque muchos pocos representantes de instituciones han dicho una cosa: hemos avanzado en base al ensayo-error. Y este no es el problema, el problema es que no lo reconocemos, nos cuesta explicar que no sabíamos como afrontar esta situación y hemos dado a menudo una falsa sensación de seguridad por conveniencia política. En todas las instituciones, de todos los colores políticos. Perdón porque especialmente hemos fallado a los profesionales de la sanidad. Toda la clase política. Pero especialmente, los defensores de las privatizaciones y de los recortes de los servicios públicos, las cosas como sean. La herida a la sanidad pública viene de lejos, de otra crisis.

Perdón a muchos cargos municipales que se han visto desorientados y que necesitaban más información de parte de los que como yo nos encargamos de intentar ayudarlos. Y pido perdón, pero también quiero reivindicar el papel de la política sincera, poner en valor la política. No era fácil y era imposible esdevinar el que se nos venía encima. Pero esto, no implica que hay que evaluar, detectar errores y disculparnos si hace falta.

El que no pediré a la ciudadanía es que perdone a los diputados de la Diputación de Alicante- donde desarrollo mi cargo- que se han vacunado cuando no los tocaba. Han gastado la vacuna otros.  No merecen el perdón de nadie, porque esto no es un error. Evidencia el concepto que tienen de la política.

Esta semana hemos observado como el Partido Popular bajaba el jefe y miraba a otro lado para no tener que obedecer el mandato del plenario de la Diputación de Alicante y reclamar la dimisión de Bernabé Cano, alcalde de La Nucia, ahora mismo el mayor exponente de la peor vieja política. Esta persona no solo se saltó el protocolo de las residencias de mayores, se presentó en el centro a ponerse una vacuna que no era para él.  Se ha saltado todas las normas posibles, cosa que lleva haciendo en realidad toda la vida. Llevándose las subvenciones que tenían que repartirse entre todos los pueblos, coqueteando con la Gürtel, humillando y amenazando la oposición, etc.

El mal que le hace el señor Cano, ya no solo a su partido sino a la política que quiere ser útil, es enorme. Pero la pregunta clave es: Cómo es posible que el Partido Popular de la provincia de Alicante se salte incluso las directrices de su partido y permita al señor Cano seguir sentat en su asiento de Diputado?

La respuesta es de de coherencia insultante: porque el pasado de la bancada popular pesa tanto que no llega a la altura moral para hacerlo.  Qué lección moral le tiene que dar el presidente provincial de su partido y de la Diptuació, Carlos Mazón, si él mismo organizó la cena de 3000 militantes del PP en IFA y que once años después todavía no se ha pagado? Le puede pedir la dimisión el jefe del gabinete del señor Mazón, antiguo cargo de la Tierra Mítica y la RTVV zaplanista? Qué lección moral le tiene que dar el señor diputado Alejandro Morant después de haber denigrado los hijos e hijas de personas de origen inmigrante con los comentarios más racistas que se han sentido en el ámbito del Partido Popular en todo el Estado? Quién le va a pedir la dimisión, el diputado Juan Bautista Rosselló, que también se ha vacunado? O será el diputado Juan Francisco Llorca después de mantendré en el cargo como si nada a un regidor de Benidorm acusado de operar con la mafia rusa con lo pretexto de a el covid? O será el diputado y alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón, que con dos líneas certificaba sin una suela factura los ingresos de 446.000 del grupo de la Diputación al Partido Popular? Quizás lo hará el diputado Sebastian Cañadas, a quien recientemente se lo ha enganchado haciéndose una piscina ilegal en el pueblo donde es alcalde?

Nadie al PP le puede reclamar a Cano nada. Porque continúan siendo el pasado, o al menos una versión del pasado que hace tiempo tendríamos que haber dejado atrás como sociedad. Son los mismos que comían gambas con la tarjeta de la administración mientras recortaban los servicios públicos. En resumen, tienen un problema. Y el problema se llama eticofòbia.

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