La Ofrenda a la Mare de Déu más anómala de la historia

La pandemia, las fechas, la participación y las obras hicieron que la Ofrenda no brillara con su fulgor acostumbrado

La Ofrenda ha sido uno de los experimentos más fallidos del protocolo anticovid de las fallas de València. La coincidencia con sábado hizo que la ciudad se llenara de visitantes y curiosos y provocó aglomeraciones. No solo en torno a las vallas, sino que en las inmediaciones de muchos monumentos de Sección Especial la distancia social brillaba por su ausencia.

Agolpamientos en vallas de monumentos y en el paso de la Ofrenda fueron el común denominador de la tarde, sin embargo para las comitivas falleras no fue un acto deslumbrante. El calor por la mañana, pese a no ser excesivo, era bastante mayor que el que cabe esperar en marzo y muchos falleros acabaron el acto empapados en sudor dentro de sus trajes.

Las rutas alternativas tampoco convencieron, el paso por las calles Caballeros y del Mar nada tienen que hacer a la entrada triunfal que se hace desde la calle del Micalet, el bloqueo de calles en las calles aledañas a la plaza de la Virgen no hizo sino agolpar más aún a los vecinos en las anteriores.

La comitiva de Consuelo Llobell tuvo que hacer una vuelta significativa a la que hubiera acostumbrado la comisión Albacete-Marvá. Ya que salen por San Vicente y se incorporan a la comitiva en San Agustín. Sin embargo tuvieron que desfilar una hora antes por Guillem de Castro con una reapertura de tráfico que les iba persiguiendo los talones.

Tan solo queda como cierre de las fiestas josefinas la cremà, a puerta cerrada en el Ayuntamiento y con muchas dudas sobre aglomeraciones en algunos puntos de la ciudad, en especial en aquellos de Sección Especial formados por calles estrechas, harán falta 15 días de incubación para saber si valencianos y turistas cumplieron medidas preventivas.

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