Las Gallinas de los huevos sin oro

David Luís López, profesor asociado de la Universitat Jaume I, reflexiona sobre la salida de los diputados de Ciudadanos de les Corts

Escribiendo este artículo me he dado cuenta de las múltiples acepciones que puede llegar a tener la cuestión de “los huevos”, desde que Esopo hablara de “la Gallina de los huevos de oro”, hasta nuestros días. Y, aunque no quisiera caer en lo grotesco de la genitalidad que hoy domina el significado, creo que es incluso lo más divertido que tengo hoy que contarles. Desde el “no hay huevos”, como reto que incita a alguien a hacer algo que presumiblemente no tenía valor para hacer, pasando por el “tocar los huevos”, como sinónimo de molestar o increpar a un individuo o colectivo, hasta el “tocarse los huevos”, como símil de gandulear. 

Lo cierto es que las personas a quienes me vengo a referir en este artículo responden bien a los tres casos. Les hablo de los tránsfugas de Ciudadanos que hace unas horas han decidido irse al “grupo de los no adscritos”, tanto en Les Corts Valencianes como en el Ayuntamiento de Castellón. Aunque ellos son los últimos monos en esta operación, de la cual se creen protagonistas, lo cierto es que ni han sido ni son nadie. No pintan nada y para colmo, les pintan bastos hasta para ostentar el cargo de concejal de gallinas y proscritos en pueblos perdidos de la mano De Dios en cualquier partido político en el futuro.

Dos de los personajes más funestos en este sainete de truhanes han sido los diputados autonómicos Jesús Salmerón y Cristina Gabarda. A pesar de que ninguno de los dos ha destacado durante este tiempo en les Corts más allá de por su mediocridad parlamentaria y por sus decenas de excusas, giros y vueltas con el único fin de trabajar poco y dejar que el resto de compañeros les hicieran sus labores ¡Cuánto han trabajado para no tener que trabajar! 

Sospecho con cierta convicción que personas como el anterior secretario de organización de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana, Emilio Argüeso, les animaron a ser tránsfugas. Y me entusiasma el intentar imaginar la conversación, al más puro estilo de peli de Torrente, con un Santiago Segura desaliñado incluido: ¡si no lo haces es porque “no tienes huevos”! ¿No ves que aquí no pasa nada? A lo que los dos respondieron, como esos personajes de la saga socialmente destrozados por la vida callejera: ¿cómo que no? ¿Cuánto te apuestas? ¡sujétame la copa!

Seguramente, ellos, igual que Paula Archelós, la concejal ghost de Castellón que no acude a los plenos, ni a las comisiones del Ayuntamiento, ni tampoco vive en la ciudad, vieron en esto una doble oportunidad para su minuto de oro: “tocarse los huevos” para “tocar los huevos” a otros. Igual que la recepcionista Sunsi, ahora diputada de rebote desde hace un par de semanas, que ¡oh, Milagro! ha descubierto justo ahora que ¡C’s ya no la representa! ¡Que en dos semanas el partido ha dado un giro tan radical como sus ingresos bancarios!

En el fondo, estos gestos, más que de recolectores de huevos, son de gallinas. Gallinas que arman un gran escándalo en el gallinero pero, en el fondo, su función se reduce a ser una máquina ponedora, que trabaja sin saberlo al servicio del vendedor de huevos, o vendedor de humo, en este caso.

David Luís López
Professor associat en la Universitat Jaume I.

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