Teoría de la desesperanza

L'opinió d'Enric Nomdedéu Biosca, Secretari autonòmic d'Ocupació i Director general de LABORA - Servei Valencià d'Ocupació i Formació

AVL

En los últimos años hemos visto normalizarse actitudes machistas y xenófobas subyacentes y ampliadas por las crisis económicas y sociales seguidas en el tiempo, en gran parte gracias al discurso desacomplejadamente facha por parte de algunos actores políticos. Con un descarado desparpajo impensable hace solo unos pocos años, se criminaliza a jóvenes sin recursos y se los despersonaliza con un acrónimo, MENAS. La demagogia y la absoluta carencia de principios éticos, también se ha hecho fuerte. La extrema derecha, y buena parte de la derecha, se quejan del retraso al abonar los subsidios por ERTOs, o por la implantación de la Renta Valenciana de Inclusión; pocos meses después de haberse opuesto con virulencia a estas mismas medidas, o a otras de similares. Su público objetivo es lo más desprotegido, el más débil, el más voluble.

Como los jóvenes, que en época de crisis, más que nunca, se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad, cosa que genera una lógica y dolorosa desesperanza. Es en este contexto que la extrema derecha encuentra el que ahora se le dice ventana de oportunidad. Asistimos a una revolución larvada, alejada de aquellas conquistas repentinas del poder. Ahora las revoluciones son lentas, intentan ganar posiciones creando hegemonía de forma gradual en la sociedad, despacio, y a base de pequeños cambios.

Es cierto que tradicionalmente la gente más joven tiende a abstenerse en los procesos electorales, pero esa voluntad de llegar a ellos, es una inversión a medio plazo. Tarde o temprano, los y las jóvenes acabarán tomando la palabra. Y si desde los partidos democráticos no somos capaces de construir un discurso creíble y políticas que generan oportunidades, la extrema derecha con su discurso falaz pero efectista, ganará posiciones y tendrá el camino aplanado. No es nuevo. En los años 20 y 30 del siglo pasado, los totalitarismos europeos hicieron cajón entre los jóvenes. Las Juventudes Hitlerianas en Alemania, lo Opera Nazionale Balilla en Italia o el Frente de Juventudes en España, son algunos ejemplos del encuadre de la gente joven en organizaciones fuertemente jerarquizadas para impartir disciplina y adoctrinamiento. Todo como paso previo a chafar toda oposición, y empezar a controlar la actividad política que los permita reformas educativas de adoctrinamiento para modelar una sociedad a su gusto.

Como alguien interesado por la política, ver que esa desesperanza de gran parte de nuestra juventud los puede acercar a posiciones populistas y de extrema derecha, me preocupa. Pero como padre, como tío, como ciudadano, hay otra cosa que me preocupa todavía más de ese desaliento. Me refiero a la Teoría de la Desesperanza de la Depresión. Sabemos que la forma en la cual interpretamos los sucesos negativos en nuestras vidas, influyen en la aparición de problemas emocionales, como por ejemplo la ansiedad y la depresión. La desesperanza es un grave factor de vulnerabilidad para cierto tipo de depresión, incluso para el pensamiento en el suicidio.

No tener un trabajo decente, ni esperanza de tenerlo dentro de poco tiempo; no poder emanciparse; la imposibilidad de imaginar un futuro estable que permita diseñar un modelo de vida autogestionado, puerta a las personas afectadas a explicar los sucesos negativos a partir de causas internas, estables y globales, y a presentir consecuencias negativas. También a culpabilizar. Los jóvenes están en el callejón sin salida de autoculparse de aquello que no son responsables, lo cual los deja en una situación de indefensión y de fragilidad; o de buscar culpables en los más débiles que ellos, que es el que intenta hacerlos creer la extrema derecha.

Niego que sean una generación perdida. Tienen capacidad y talento para salirse, básicamente porque el primer error es hacer el que yo he hecho, poner a todos los jóvenes en el mismo grupo, pero tienen que tener opciones. Y esto a ellos no se los lo podemos exigir. Ellos a nosotros sí.

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