¿Qué está pasando con los jóvenes?

La psicóloga educativa, y doctora en Psicología, Andrea Ollero, vocal de la Junta de Gobierno del Col·legi Oficial de Psicologia de la Comunitat Valenciana, aborda desde su perspectiva profesional los comportamientos de los jóvenes que en las últimas semanas están protagonizando muchos de los sucesos informativos

A la hora de comprender qué está pasando con los jóvenes, hay que tener en cuenta la intersección de dos factores: por una parte, las características propias del desarrollo evolutivo de los adolescentes y jóvenes, y por otra, las características de nuestra sociedad actual.

Haciendo un brevísimo análisis, vemos que los últimos acontecimientos (pandemias, crisis económicas, globalización, guerras, etc.) pueden influir en la percepción de la falta de control de nuestras vidas ya que, hagamos lo que hagamos, no controlamos su devenir y éstos, queramos o no, influyen en nuestro día.

Vivir el presente, las horas y minutos para perseguir estados de felicidad, aunque efímeros pero agradables, se alinea en el desarrollo propio de jóvenes y adolescentes. Este grupo poblacional tiene la necesidad de experimentar, curiosear, sentir emociones intensas y, sobre todo, de reafirmarse contraviniendo las normas establecidas.

Todo ello, sumando a una sociedad que se muestra agresiva, donde se normaliza la violencia, en la que las noticias a destacar son sucesos negativos, donde el valor del dinero fácil y el ejercer el poder sobre el otro son los referentes de aprendizaje de éxito, teniendo como efecto, modelos de vida en los que se potencia el egocentrismo, la falta de tolerancia a la frustración y el sentirse bien dominando al otro. Las máximas serían “Sálvese quien pueda”, “Si no me pasa a mí, no me importa”, unido al momento existencial de los jóvenes donde se plantean el sentido de la existencia y para qué vivir. Mejor vivir el presente y al límite.

Una de las necesidades básicas de las personas y especialmente de los jóvenes, es sentirse parte de un grupo, el reconocimiento social y el comportamiento gregario hace que las redes sociales se conviertan en las relaciones sociales más influenciables. Tener “likes” es uno de los motivos de ilusionarse, el realizar retos que se hacen virales les hace sentirse protagonistas y valorado por sus iguales, teniendo la percepción que forman parte de algo y no están solos o rechazados.

No hay que olvidar los efectos negativos que los conflictos familiares relacionados con perjudiciales separaciones de los cónyuges tienen en los jóvenes ya que suelen conllevar la pérdida o vacilación de los pilares fundamentales para su desarrollo afectivo. Por desgracia, en estos procesos, es habitual que se instrumentalicen a los niños, niñas y jóvenes para “ganar” uno sobre el otro. La pérdida del “amor incondicional” de los padres, hacen acrecentar el sentimiento de abandono y desprecio. Como consecuencia, pueden llevar a buscar situaciones límites que den sentidos a sus vidas, o la búsqueda de sustancias que les hacen evadirse de una realidad que nos les gusta, o buscan amigos y amigas irreales en el mundo virtual.

Se ha de construir una sociedad del derecho a una vida de calidad en la que el cuidado de la infancia sea un eje esencial; destacar la Educación de la responsabilidad: educar para reflexionar y tener una actitud crítica a lo que nos muestran y ofrecen, al tiempo que se trasmite el valor de la verdadera amistad y el respeto a las diferencias. Para que les jóvenes den sentido a sus vidas es fundamental poder lograr ocupaciones laborales de acuerdo con la formación académica y sus objetivos vocacionales.

Cabe destacar el concepto de ‘Juventud en positivo’ ya que poseen una gran capacidad de cooperación. La juventud es una etapa de aprendizaje, de construcción y de afirmación de plena ciudadanía, con derechos y deberes.

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