Amparo en su laberinto

Vicente Cornelles, periodistay escritor, reflexiona sobre la actualidad política de la ciudad de Castelló.

El cambio forzado del itinerario de la procesión de Lledó por intrincados caminos de la huerta, motivados por las obras (injustas e innecesarias) de remodelación del vial que lleva a la basílica, podría ser solo una anécdota sin mayor sustancia, pero es un error más de gestión del Ayuntamiento de Castellón en una sucesión de agravios a la que asiste la ciudad cobarde y pusilánime, en una urbe del meninfotisme, la abulia y la indiferencia ante todo y con todo.

Tras la desorganización de las pasadas fiestas de la Magdalena, resuelta con omertà siciliana, la Conselleria de Cultura invalida ahora el proyecto municipal de construir una macroPérgola como centro de convenciones, en aras a los informes en contra (no vinculantes) de instituciones tan solventes como el Consell Valencià de Cultura, Academia de Bellas Artes de San Carlos y Universitat Jaume I, que califican de agresión al patrimonio romántico del parque de Ribalta la iniciativa municipal.

Bien es cierto que el departamento de Vicent Marzá cambia de criterio y dio vía libre el año pasado al nuevo diseño del recinto multiusos, pero no me dirán que en una colectividad que no se quiere y no la quieren con una cultura de la especulación y el adefesio urbanístico, la decisión del conseller (que no es santo de mi devoción), y que encierra también el soterrado enfrentamiento PSOE-Compromís, por mucho Acord de Fadrell que valga, está llena de sentido común.

Unos dictámenes, además que piden rescatar la antigua galería existente hasta 1971 cuando se construyó el actual edificio que, por cierto, sigue todavía denostado y nunca ha sido del agrado de los castellonenses, pese a que está amortizado más de 50 años después.

La contestación de la alcaldesa ante la oposición de la Generalitat a su propuesta de conversión del pabellón en un palacio de congresos ha sido a las bravas: llevar a los tribunales a Cultura ante su oposición a la reforma. Amparo Marco sigue instalada en su laberinto de difícil salida. Empecinada en sus obras monumentales -cada faraón quiere su pirámide- se aleja, cada día más, de las necesidades acuciantes de los ciudadanos y de dar respuesta inmediata a los problemas que de verdad importan a los castellonenses.

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