Yo sí quiero volver a verte

Ignacio Domingo Triadó es portavoz del Foro de Médicos de Atención Primaria de la Comunidad Valenciana y pediatra de Atención Primaria

La Atención Primaria ha sido la primera línea de defensa frente a la pandemia por COVID-19 y ha aguantado pese a encontrarse en una situación muy complicada antes de que todo este tsunami se nos echase encima.

Nos tuvimos que reorganizar a una velocidad de vértigo cuando veíamos que los casos empezaban a crecer de forma exponencial en marzo de 2020, con las medidas de protección escaseando e improvisando nuestras propias medidas en muchos casos. La población se vio obligada a encerrarse en casa y eso facilitó que se pudiese gestionar la pandemia mucho mejor, pero el daño a nivel emocional ya estaba empezando a hacer mella en trabajadores sanitarios y en los ciudadanos.

Habilitamos circuitos COVID y no COVID; se implantó a toda velocidad la consulta telefónica (muchos compañeros se compraron auriculares de su propio bolsillo para poder gestionar mejor las llamadas); se realizó un triaje de los pacientes con síntomas sospechosos de COVID; se siguieron realizando las revisiones de salud infantil pero acotadas a los menores de 18 meses (cuando reciben sus primeras vacunas, algo fundamental que no se podía dejar)… pero aún así hubo muchas actividades que no pudieron realizarse adecuadamente.

El principal problema eran las actividades grupales (talleres de lactancia, de deshabituación tabáquica…) y el exceso de pacientes en las salas de espera. No podíamos permitir que la población se viese sometida a semejante riesgo de contagio y además había que proteger al personal sanitario, porque si caíamos ¿quien nos iba a cuidar? Desde las distintas sociedades científicas lanzamos muchas propuestas para optimizar la atención al paciente preservando su seguridad y algunas se escucharon, pero la gran mayoría se quedó en el aire.

Veníamos de un modelo de Atención Primaria que se estaba quedando desfasado: consultas sobresaturadas con cupos de más de 1500 pacientes en medicina de familia y más de 1000 en pediatría; agendas con citas triplicadas en cada bloque horario; salas de espera llenas de gente esperando (es increíble como la COVID nos ha hecho ver lo peligroso de esto con otras enfermedades infecciosas respiratorias); citas para recetas, para resultados de analíticas… un sinfín de actos innecesarios y que precisan de una reconstrucción profunda.

Tras la primera onda epidémica un periódico valenciano publicaba un artículo con un titular que rezaba “Mi médico no me quiere ver”. Cuando leí ese titular la sensación fue de impotencia absoluta: ¡pues claro que quiero ver a mis pacientes, no quiero vivir colgado de un teléfono en mi trabajo!

La parte humana es fundamental en la atención primaria; conocemos a nuestros pacientes, a sus familias, su entorno, sus circunstancias y sus necesidades. Es cierto que la telemedicina ha llegado para quedarse, pero para optimizar los cuidados del paciente. No es necesario acudir presencialmente a por recetas o para recoger unos resultados analíticos; muchas consultas se pueden resolver vía telefónica, pero, eso sí, durante toda la pandemia no hemos dejado de ver a todos aquellos pacientes que precisaban una atención presencial.

Cuando muchos medios publican que “se retoma la atención presencial en atención primaria” de nuevo me invade la frustración de ver lo mal que se gestionado la comunicación durante este periodo. Desde un principio las autoridades sanitarias deberían haber informado de la manera en la que se estaba trabajando en los centros de atención primaria, porque no se había dejado de ver pacientes, sino que se veían a través de un circuito diferente.

Y está claro que no siempre ha funcionado como debería haber funcionado y ha habido fallos, pero hemos vivido a contrarreloj y en una incertidumbre continua, intentando hacerlo lo mejor que sabíamos y podíamos, sin olvidar nunca que nos debemos a nuestros pacientes.

Con el paso del tiempo y tras la tercera onda epidémica (la más dura en la Comunitat Valenciana) la situación ha mejorado, la incidencia acumulada ha bajado y estamos en disposición de reorganizar de nuevo la asistencia. Ahora el riesgo de contagio de los profesionales sanitarios es mínimo gracias a la vacunación (sin duda, lo que nos va a sacar de esta pesadilla).

Pero el riesgo de contagio de la gran mayoría de pacientes sigue siendo alto, y más cuando hablamos de centros sanitarios donde la gente acude porque no se encuentra bien. Es muy importante que ahora las cosas se hagan bien, despacio, y en consenso con los que estamos en primera línea y sabemos cómo funciona todo en nuestras pequeñas “trincheras”.

La Conselleria ha publicado que en mayo el 80% de la atención será presencial, pero, ¿el 80% de cuantas citas diarias? ¿Vamos a volver a tener agendas sobresaturadas con más de 40-50 pacientes/día? ¿Vamos a tener que seguir saliendo del trabajo a las cinco o seis de la tarde en vez de a las tres para no dejar a nadie sin solución a sus problemas? Esto lo han hecho muchos compañeros, y no hay ningún tipo de remuneración extra por hacerlo. Se hace por vocación y servicio a los pacientes, pero al final el desgaste es enorme.

Hay que volver a la normalidad, pero de forma progresiva, para evitar tener que dar pasos hacia detrás. Necesitamos que el valor que se le de a la Atención Primaria no sea sólo de palabra, sino de hechos.

Necesitamos cupos adecuados (1500 en medicina de familia y 900 en pediatría), agendas reguladas con no más de 25 pacientes por día para que tengan la atención de calidad que se merecen, con un mínimo de 10 minutos por paciente. Necesitamos mejorar los equipos tecnológicos (esto es algo que ya está llevando a cabo la Conselleria y que nos ayudará a futuro), necesitamos reforzar Salud Pública y mejorar su coordinación con atención primaria.

Necesitamos que se escuche a los profesionales que día a día pelean por sacar adelante su consulta. Porque la realidad es que yo como pediatra quiero volver a ver a mis pequeños pacientes en la consulta con normalidad, que no me vean a través de una mascarilla, que no me vean como un astronauta sin entender qué pasa y con miedo.

Necesitamos el apoyo de la población para ayudarnos a mejorar el sistema de Atención Primaria, para que hagan entender a las autoridades sanitarias la importancia de cuidar un sistema que está permitiendo que la vacunación sea una de las más rápidas del mundo.

En definitiva, necesitamos que la población y las autoridades sanitarias comprendan que “su médico quiere volverlos a ver”, pero en las condiciones adecuadas que garanticen la mejor asistencia posible del paciente y que no destruyan la ilusión que teníamos la mayoría el primer día que nos sentamos en nuestra consulta. Falta menos, ya casi estamos saliendo de esta pesadilla, pero ahora más que nunca os necesitamos a nuestro lado. Gracias.

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