Riders: ¿Winners or losers?

Carlos Iglesias, portavoz de Riders x Derechos València, hace una reflexión acerca de la situación de los riders en València tras las últimas novedades legales

AVL

La patronal acaba de reconocer en la mesa de diálogo social que hay una relación laboral entre los riders y las plataformas digitales. Sin embargo, hace una semana vimos como algunos riders se movilizaron en diversas ciudades del país al grito de #SíSoyAutónomo, arengados por la misma patronal que ahora reconoce la relación laboral. Aunque la existencia de sindicatos amarillos ya tiene una larga historia, sin duda alguna, este es un fenómeno digno de estudio para la psicología social. ¿En qué manera los riders pueden defender su propia indefensión ante la patronal? Para dar respuesta a esto, hay que entender el nuevo espíritu social que ha construido el capitalismo del siglo XXI que ha impregnado el sentido común de la sociedad, modificando la forma en la que evaluamos las diferentes situaciones de la vida cotidiana.

En estos tiempos donde los libros de autoayuda han dado paso al coaching personal, se ha instaurado el paradigma del éxito como la única vía de escape para las personas más desfavorecidas. Aquellas personas con discapacidad, con trabajos precarios o en situación de desempleo solo necesitan de su voluntad para salir adelante, para emprender y crear un proyecto innovador que les permita hacer de ellos mismos el tipo de persona que quieran ser. Bajo esta premisa, la necesidad nos convierte en verdaderos superhéroes. Con lo cual se hace de la necesidad virtud. Virtud de la que se aprovechan a manos llenas las plataformas digitales para enriquecerse a nuestra costa, haciéndonos creer que somos verdaderos empresarios de nosotros mismos.

Para lograr esto, dentro de la plataforma se integran mecanismos de autogobierno en forma de puntuaciones de excelencia que te imponen una meta, ubicándote a ti mismo como trabajador en relación a esa meta, con unos indicadores de autorendimiento que te evalúan de forma permanente y sistemática y que determinan el acceso al trabajo. Pero estos mecanismo de control son ocultados solapándose entre ellos dando una falsa sensación de libertad, haciendo uso del individualismo radical: “Si tu quieres ser excelente lo puedes hacer. Está disponible como una meta para todos. Tu sabes lo que tienes que hacer para eso. Pero ¡ojo! Yo (la plataforma) no te obligo a que tu lo hagas, te dejo ahí el indicador. Si tú quieres lo puedes hacer o no”.

Y así, es como logran que los trabajadores renuncien felizmente a derechos básicos como son la libre sindicación, la negociación colectiva, la huelga o prestaciones sociales como la del desempleo, la baja laboral o la jubilación. Porque eso solo fomentaría la pasividad y lo que nos hace superhéroes es tener que salir adelante solos.
Bienvenidos a un mundo feliz

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