Invisibles no, despreciados. No tener casa mata

Rafa Mas, edil de Compromís, denuncia la dejadez del Ayuntamiento respecto a ayudar a personas sin hogar de Alicante.

La pandemia ha agravado, aún más si cabe, la situación de las personas cuyo hogar es la acera de la calle o el banco del parque.

Cada vez son más y cada vez están peor. La falta de hogar en Alicante supone el desprecio más absoluto de una inalcanzable administración. Aquella que debiera mantenerse al lado de sus más vulnerables conciudadanos hoy reluce por su inexplicable lejanía. El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Alicante, a diferencia de otros ayuntamientos como el de València o el de Elx, ha sido intolerablemente incapaz de ofrecer respuesta a toda la población de personas sin hogar ante la emergencia social y sanitaria.

Esta incompetencia se traduce en un ataque a la dignidad humana y la seguridad de estas personas. Somos testigo de graves problemas de coordinación en la respuesta social, además de una atención ineficiente hacia las familias más vulnerables. Este colectivo arrastra a sus espaldas la estigmatización del sinhogarismo y se les ha transgredido su derecho a la protección de la salud.

Sin embargo, y por suerte, Alicante es mucho más que sus gestores políticos, y esto ha quedado reflejado en cada uno de todos aquellos vecinos y vecinas que se han echado a la calle para combatir el hambre en su ciudad durante los momentos más duros de la pandemia. Asociaciones, ONGs y redes vecinales que han arriesgado su salud para salvar vidas y proteger la dignidad de las personas más afectadas por la crisis. Voluntades solidarias, anónimas y muchas veces sin empleo han aportado una gran lección de humanidad, lealtad y solidaridad a ciertos irresponsables de lo público, mediocres gestores de cómodo despacho.

Los partidos de la oposición de Alicante, en especial mi grupo político, llevamos varios años denunciando la saturación de los recursos para personas sin hogar en la ciudad. Tanto el Albergue Municipal (CAI) como el Centro de Integración de Baja Exigencia (CIBE) de Cruz Roja ya se encontraban por encima de su capacidad antes de la pandemia. Ahora es todavía más urgente impulsar políticas públicas orientadas a erradicar el “sinhogarismo”. Centremos nuestros esfuerzos en ampliar la oferta de vivienda para programas orientados, contemos con equipos de calle que se coordinen con las redes para atender la emergencia y formemos a las fuerzas de seguridad y de protección civil para sumar calidad a la atención que merecen las personas más vulnerables.

Poco o nada hemos entendido si miramos hacia otro lado ante la pobreza, cuando paseamos por los alrededores del estadio José Rico Pérez, la avenida Doctor Rico, Tossal, Renfe o el Centro de Alicante. Nosotros podríamos ser cualquiera de ellos. Nadie está exento de acabar en esta situación de desprotección. Nadie.

Es hora de mirar a la cara a la pobreza. Basta ya de desnudarla de derechos.

El viernes 26 de marzo quemaron en su tienda de campaña un hombre sin hogar. Se desplazaba en silla de ruedas, no pudo escapar. A muchos se nos incendió el alma, a otros la conciencia, deseo.

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