Hay vida humana más allá del Paseo de la Castellana

V. Bisquert, concejal de Poble Nou de Benitatxell lamenta que solo se hable de Madrid, cuando la gestión del Botànic ha permitido contener la pandemia en la Comunitat.

Si España fuera el Sistema Solar, Madrid sería la Tierra. Único planeta donde se ha descubierto vida humana y centro desde donde se mira con superioridad al resto de planetas-regiones y alrededor del cual giran satélites, cuerpos celestes y mucha basura cósmica. Y no, con esta basura no me refiero a los desechos que generan un puñado de jóvenes extraterrestres descerebrados haciendo botellón tras el final del Estado de Alarma, mientras bailan canciones intergalácticas de Nacho Cano al grito de “Libertad”.

Madrid es el centro de la vida humana y único territorio de interés científico e informativo, porque así lo han determinado muchos medios de comunicación desde hace tiempo. A pesar de vivir en un estado plural, supuestamente descentralizado, y rico en matices e informaciones interesantes, todas las telenoticias, tertulias y debates giran en torno de lo que ocurre en la ciudad de Madrid y en su entorno metropolitano.

La narración de los avances de la pandemia, de los efectos de la misma o de las calles vacías por el confinamiento, se hizo a través de la mirada de Madrid. El temporal Filomena mostró imágenes mayoritariamente de la Comunidad de Madrid, a pesar de haber territorios con unos efectos iguales o superiores. Todos y todas conocemos perfectamente qué medidas se han tomado en Madrid para controlar el virus, pero no las que se han tomado en otros territorios. Y ahora, con las recientes elecciones regionales celebradas en Madrid, mucha prensa ha elevado su interés a categoría nacional y nos ha tenido sobreexpuestos durante semanas a su campaña electoral y ahora, también, a la situación postelectoral. Incluso televisiones autonómicas como A Punt cayeron en el absurdo de realizar programación especial para informar sobre este proceso electoral autonómico.

Esta sobreexposición informativa de lo que ocurre en Madrid, con un claro interés centralista y homogeneizador de una realidad estatal que es muy diversa, ha provocado que muchos otros territorios periféricos hayan desaparecido del relato mediático y que no se hayan hablado de noticias positivas e importantes como las que ha vivido el País Valenciano los últimos meses.

La mayor parte de la ciudadanía sabe cuántas olas víricas ha tenido Madrid pero desconoce, seguramente, que en el territorio valenciano solo hemos tenido que sufrir dos olas importantes, gracias a las medidas racionales del Govern del Botànic y a la responsabilidad de las valencianas y los valencianos.

Por el mismo motivo, la mayor parte de la ciudadanía conoce a la perfección el nivel de incidencia del virus en Madrid pero no que en Valencia tenemos una de las tasas de contagios más bajas de toda Europa. Una tasa que esta semana ha bajado de los 30 casos. Una vez más gracias a la eficiente gestión del Botànic y a una población responsable y concienciada.

Todas y todos podríamos recitar de memoria los principales hospitales de la Comunidad de Madrid y a nadie le suena extraño el nombre Zendal. En cambio, poca gente conoce que en el territorio valenciano hemos conseguido tener durante algunos días las UCIS de ocho hospitales valencianos sin ningún enfermo por Covid. Una vez más gracias a una buena gestión hospitalaria y al trabajo incansable de las trabajadoras y los trabajadores de la sanidad valenciana. Grandes noticias que nos alegran a todas y a todos en tiempos convulsos de mucha incertidumbre, pero que quedan difuminadas y olvidadas por lo que pasa en Madrid.

Desde el final del Estado de Alarma también hemos visto un gran número de imágenes de jóvenes, sobre todo de Madrid y Barcelona, realizando botellones en la calle, molestando al vecindario y ensuciando el espacio público, lo que nos ha causado a la mayoría una profunda indignación e impotencia. Pero, en cambio, no hemos escuchado que en el País Valenciano, a pesar de haber recibido con alegría y optimismo la relajación de ciertas medidas, lo hemos celebrado con civismo y con mucho “seny” (cordura). Una virtud de la que las valencianas y los valencianos vamos sobrados y de la que habría que hablar más en los medios para que cunda el ejemplo.

Durante los últimos dos meses también hemos escuchado a Isabel Díaz Ayuso decir que Madrid era “el motor de la economía de España”. Sobre estas palabras se han hecho buena cosa de debates, tertulias y mofas. Todo el mundo ha escuchado las elucubraciones de la presidenta madrileña y las ha comentado en casa, pero seguro que son pocos y pocas las que han debatido sobre el hecho de que el País Valenciano tuvo la mitad de aumento de paro en 2020 respecto a la Comunidad de Madrid, a pesar de la crisis económica provocada por la pandemia.

Las elecciones de Madrid y su sobreexposición mediática también han permitido que conozcamos a la perfección el funcionamiento de la política madrileña y su modelo de gobierno basado en el liberalismo de los recortes en sanidad y educación, de la especulación urbanística y de anteponer la libertad de hacerse una caña a la salud de la ciudadanía, frente a un modelo como el del Gobierno valenciano que ha sabido controlar la pandemia y salvar vidas con medidas estrictas pero eficientes, que ha reforzado la enseñanza pública y la ha convertido en un lugar seguro. O que ha reforzado los Servicios Sociales de los municipios para hacer frente a la crisis sociosanitaria. Un gobierno que es ejemplo, que ha visto reforzado los lazos de trabajo entre las diversas fuerzas que lo conforman y que las encuestas auguran un gran futuro. Pero, a pesar de todo esto, poco se habla en los medios de ámbito nacional de los logros del Govern del Botánic.

Por todo lo que acabo de exponer, y por mucho más, es necesario que como ciudadanía crítica, tanto si somos de Madrid como de otros territorios, exijamos recibir una información veraz y plural de lo que ocurre en todo el Estado. Y, sobre todo, que empecemos a reivindicar unos medios que apuestan por las noticias positivas y amables frente las negativas y tristes, porque por mucho que el morbo “venda”, acaba generando un estado social de frustración y rabia que provoca apatía, odio y refuerza las posiciones de la extrema derecha. Porque la información diversa y de calidad es un pilar básico para una sociedad plenamente democrática que quiere convivir pacíficamente.

Por último, como valencianos y valencianas tenemos que estar bien orgullosas de la gestión que se está haciendo en nuestro territorio porque, por encima de ideologías, los éxitos que estamos recogiendo son los logros del pueblo valenciano que, una vez más, ha demostrado ser vanguardia de valores como son la solidaridad, la responsabilidad colectiva y la hermandad para hacer frente a una situación difícil.

Por todo esto, a las valencianas y a los valencianos la sobreinformación de Madrid ya nos empieza a ‘reglotar’ demasiado. Estamos cansadas que nuestros éxitos colectivos sean silenciados, que se nos trate como una colonia, que se nos infrafinancie, que se fomente el desprecio hacia nuestra lengua… Porque aunque hayan muchos astronautas mediáticos que no se han enterado todavía, o no se quieren enterar, hay vida humana y otras formas de vivir y de gobernar más allá del Paseo de la Castellana.



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