Talleres falleros que almacenan figuras fantasmagóricas

Parecen imágenes que evocan la desolación de Chernobyl, pero no, estas imágenes pertenecen al 2021, cuando los ninots llevan descomponiéndose compilados más de dos años, como un desván de una película de terror

Pasar al interior de un taller fallero siempre ha sido sinónimo de ilusión, de nervios, de renovación… Es un lugar donde las comisiones falleras acuden con sus Falleras Mayores para ilusionarse con el próximo ejercicio, para impregnarse con el olor a pintura, para soñar juntos. Otro de los días de más ilusión en los talleres falleros es el día de la punxà, día en el que los falleros cenan en las calles de la Ciudad Fallera y al ritmo de verbena, se visitan los talleres falleros, abiertos de par en par, donde ultiman los detalles de las carrozas que al día siguiente vestirán a las falleras en la batalla de flores.

Sin embargo, hoy en día, en 2021 esa imagen de los talleres parece de una realidad distópica, pues ahora, lo único que se encuentran son ninots cubiertos por plásticos, amontonados por la falta de espacio y pinturas descorchadas, arrinconadas contra el paso del tiempo y la humedad. ¿Hasta cuándo podrán sobrevivir estas figuras que desde que esperan su fin en las llamas, llevan demasiado tiempo en un corredor agónico?

“Si no estuviéramos en esta situación tan excepcional, ni nos lo plantearíamos cuánto tiempo puede aguantar un ninot sin ser quemado. Las estructuras se construyen muy fuertes para que estén en expuestas en la calle, siempre pensando en la seguridad pública. Aun así, no está contemplada su perdurabilidad; la madera dilata y contrae, puede coger humedad y deformarse. Es muy difícil saber cómo estarán los monumentos ya que no tenemos precedentes”, explica Vicente Lorenzo, artista fallero y periodista.

Sin embargo, estos monumentos llevan esperando a las llamas desde hace más de un año. A medida que pasa el tiempo, el material sufre más riesgo de empeorar: “además de la estructura, los materiales que la recubren no tienen demasiada garantía de resistir por mucho tiempo. También dependen de las condiciones ambientales. Todo son incógnitas en este aspecto”, explica el artista.

Monumentos apilados en la Feria de Muestras de València

Cuando nos referimos a monumentos fantasmagóricos no sólo nos referimos a los talleres de artistas falleros, profesión que por cierto cada vez está más en desuso, pues el Gremio de Artistas Falleros ya ha recriminado en varias ocasiones que el precio de los alquileres y la falta de regulación está haciendo que cada vez el negocio envejezca más y sean menos los jóvenes que quieran apostar por esta profesión.

monumentos falleros con plásticos
Fotografía de Vicente Lorenzo.

La Feria de Muestras, lugar donde están la mayoría de ninots de muchísimas fallas que se acogieron a la iniciativa del Ayuntamiento de València de cederles este espacio sin coste alguno más que el de conservación de los monumentos, también es un cementerio de elefantes.

“Cuando en marzo de 2020 Joan Ribó anunció el aplazamiento de la semana fallera fue una noticia que desde el sector fallero entendimos, debido a la situación epidemiológica, pero que nunca nos habíamos enfrentado antes. Por eso, algunas agrupaciones o fallas decidimos no llevar nuestros monumentos a la Feria de Muestras de València porque pensábamos que la situación se alargaría solo hasta el verano. Ahora, ha pasado más de un año y los monumentos en los talleres molestan si se piensa en las fallas del 2022″, explica Joan Francesc Prim, presidente de la Agrupación de Fallas de la Olivereta.

¿Cómo se puede evitar el desgaste de esos monumentos? “No podemos hacer nada por adelantado. Cuando plantemos las fallas haremos todo lo que esté a nuestro alcance para reparar lo que esté estropeado”, explica Lorenzo.

Ayudas al gremio fallero sí, pero insuficientes

Las ayudas son pocas y con requisitos muy complicados de cumplir. Y, evidentemente, “sin trabajar no se puede subsistir, ni mantener abierto el taller”. En cuanto al futuro de los artistas falleros, Vicente Lorenzo relata con crudeza que “si este año no se queman los ninots que están guardados desde marzo de 2020, las que estamos haciendo para València para 2022, quedarían para 2023. Y no podemos pasar un año en blanco. Ni nosotros ni nadie”.

Las fallas de algunos pueblos, como no tienen subvenciones, “directamente no han podido contratar nuevas”. “No es demasiado difícil preveer el futuro de nuestro oficio. No lo tiene“, sentencia.

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