Torre La Sal, un siglo de historia singular en peligro de derribo

Actualitat Valenciana se acerca a los orígenes de un asentamiento y poblado marinero en unos terrenos que Costas reclama de dominio público

Una línea invisible que marca dominios públicos en la arena y una carta de Costas informando de la necesidad de abandonar las viviendas para ser derruidas ha movilizado a miles de personas en la provincia de Castellón. Es Torre La Sal. Un nombre que pese a lo que pueda parecer, no corresponde a ningún macrocomplejo hotelero de hormigón y cartón piedra sino a un pequeño poblado marinero nacido hace más de cien años.

Cuenta Angel “el valldalbero que cuando llegó su abuela Mercedes desde Burriana a estas tierras, mujer viuda y con cuatro hijos, lo que hacían era aprovechar las temporadas que no había trabajo en su pueblo para acercarse a ese pedacito de mar de Cabanes y tratar de ir tirando por allí honradamente y como podían pescando en esas aguas.

“entonces, Torre La sal, nadie lo quería ni regalado…eran cuatro casetas de ‘canyes i ‘pallús’ y ahora…, tantos años y cuatro generaciones de familias de gente trabajadora y nos dan ocho días para marcharnos”

Ángel “el valdalbero”

“Con cuatro cañas y pallús, se hacían una barraca y así tenían un sitio donde resguardarse”, explica a Actualitat Valenciana. Ángel recuerda desde niño historias que contaban quienes vieron nacer esas casas. “Había uno que le llamaban ‘Pasqual el ruso’, ese se ve que fue de los primeros por aquí, pero es que esto no tiene nada que ver con lo que es ahora. Cuando había mala mar y temporal las olas llegaban hasta aquí y arrasaban con todo, con casas, con alguna pequeña huerta, con lo que pillaban, entonces nadie lo quería ni regalado…y ahora, ya ves, tantos años y cuatro generaciones de familias de gente trabajadora y nos dan ocho días para marcharnos por esa línea de la que habla Costas”, lamenta el valldalbero.

Ángel explica sobre la pantalla en un video como ha variado la delimitación de la Costa y por tanto la ubicación del grupo de casas inicial de Torre La Sal

Y es que el pasado 10 de mayo muchos de los habitantes de estas viviendas recibieron una comunicación de Costas en las que se les indicaba que estas edificaciones se encontraban en el dominio público marítimo-terrestre y al no haber sido regulada su situación en el periodo establecido, sus ocupantes, debían abandonarlas para ser derribadas.

Esta situación, movilizó en menos de 48 horas a cientos de vecinos que echaron mano de todos los recursos posibles a su alcance, tanto presentando alegaciones, como contactando con responsables políticos, como alertando a los medios de comunicación y sobre todo a la opinión pública.

De hecho la recogida de firmas que también se organizó a través de la plataforma change.org recibió más de 3.000 adhesiones en poco más de dos días y sigue contabilizando defensores.

Un esfuerzo que, de momento, parece haber dado un pequeño fruto. De hecho, las últimas noticias hablan de que Costas ha aceptado abrir una mesa de diálogo con los propietarios y que ha prolongado el plazo de alegaciones.

Pero mientras todo el proceso burocrático continúa, “el valldalbero” sigue recordando para Actualitat Valenciana, la singularidad del orígen de esas construcciones.

“El auelo Pepino,’ fue uno de los primeros que vinieron, Artemio, el del bar, también se acordaba de muchas cosas de entonces, y el auelo Pepino contaba que la gente, por necesidad, llegaba aquí, y ellos mismos se hacían sus casas, y un día pasó uno al que llamaban ‘el italià’ que se ve que era el que tenía estas tierras, y les dijo, si os queréis quedar aquí , marcadme con una caña el cuadro que queréis cada uno y hablaremos…”, narra Ángel.

Además, por otro lado, también cuenta que la costa actual, nada tiene que ver con la de entonces, cuando se empezó a asentar ese pequeño poblado. “Es que todo esto ha cambiado, hay que decir que entonces, las casas aquí estaban a más de 40 o 50 metros del mar, pero con el tiempo la costa ha variado. Había mucho más trozo hasta la playa, ¡ya lo creo! Pero si la gente tenía en su cuadro donde estaba la barraca que se habían hecho hasta un pequeño huertecito detrás, y algunos hasta animales”.

Con todo, y tras los inicios, también es cierto que a esos pobladores originales de Torre La Sal que convirtieron refugios de pescadores en viviendas en momentos de una economía maltrecha, se les sumaron muchas otras personas que vinieron más tarde.

Imagen de la Playa de Torre La Sal a principios de los años 70, cedidas por vecinos de Torre La Sal

En los años 70 o por ahí vino mucha más gente, y muchos extranjeros también, de hecho ahora hemos tenido que contactar con sus hijos para que les expliquen lo que está pasando porque esos propietarios no están aquí”, reconoce Ángel.

Sin embargo, quines pertenecen a la cuarta generación de aquellas personas que como Mercedes, el ‘auelo Pepino’ o Artemio plantaron sus cañas en la arena para delimitar su casa, se resisten a creer que una normativa o una línea que delimita espacios y competencias pueda ser el fin. Por ahora, de momento, “la singularidad” de este poblado, en sus orígenes de gente humilde y trabajadora, ya ha hecho que Costas acepte sentarse a escuchar.



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