Los nuevos repobladores

La opinión de Vicente Cornelles, periodista y escritor

La provincia por llenar. Tras el triunfo hace tres años de una iniciativa cultural en un pueblo del interior castellonense, cuyo objetivo era frenar la despoblación en el municipio, un dirigente político con mando en plaza aseveró que: “Esto hay que llevarlo a la costa”.

La primera de las preguntas que nos tendríamos que hacer en este introito de mi reflexión semanal es, si de verdad, los poderes públicos se creen la necesidad acuciante de luchar contra el vaciado de gentes en tierras agrestes y difíciles de las comarcas de la provincia, o simplemente son promesas inanes y campañas de markéting para llenarse los bolsillos algunos gurús de la imagen y de la publicidad y seguir todos en la zona de confort.

Que la emigración a las grandes ciudades ha dejado solitarios terruños y lugares es una realidad sangrante, en una de las lacras de la sociedad del bienestar, y frente a ello la exigencia a los poderes públicos de paliar una situación que está afectando al futuro de comunidades que vivieron tiempos de gloria, y que ahora inundan de soledad y silencio calles y plazas de una gran cantidad de municipios.

Un éxodo que se ha de impedir con la gestión eficaz y responsable de las administraciones. Con sentido común. La solución es fácil. De la ‘locura’ de festivales, cuyas ganancias se van muy lejos de nuestro entorno, por poner un ejemplo, a una racional distribución de recursos que pongan el stop al abandono in misericorde del mapa de territorios rurales deshabitados.

A imagen y semejanza del gentío que trajo Jaume I de Lleida en el siglo XIII para repoblar nuestra geografía, después de la reconquista, hay que procurar nuevos asentamientos en una posmoderna cruzada que garantice la pervivencia de colectividades en enclaves con riesgo de desaparecer.

Con seis motivaciones más que sobradas. Con la educación: Asegurar que no se cierre la escuela de la localidad en cuestión. Los niños mantienen el futuro (un proyecto cultural en Zucaina consiguió que no se cerrase el colegio). Con la vivienda: Facilitar casas para los neocolonos. Fundamental para moradores que inician una nueva vida.

Con la cultura: Ofrecer atractivos de música, arte, teatro, danza…, ya no solo las habituales campañas institucionales para los vecinos permanentes en verano, sino que estos eventos capten la atención para potenciales residentes, y así se está demostrando en el citado proyecto cultural de Zucaina.

Con el medio ambiente: Para una generación concienciada ya con la importancia del medio ambiente, la llegada de habitantes a estas zonas en peligro de despoblamiento pueden representar el aval necesario para mantener una protección absoluta de estos parajes.

Con la economía: Potenciar puestos de trabajo en estas poblaciones, con fácil acceso, como contratar al encargado de la piscina municipal, o el polideportivo (los hay en todos los sitios), rescatar el bar o el supermercado cerrado, recuperar la tienda de souvenirs o, incluso, ser el aguacil.

Con el patrimonio: La conservación de los monumentos de cada una de estos emplazamientos es otro de los fines que pueden llevar a emigrantes de nuevo cuño para atajar la despoblación sobrevenida.

Urge pues el compromiso serio y sin fisuras (se que ya lo están intentando Diputación y Generalitat Valenciana), de los gestores que nos gobiernan con una política activa, transversal y decidida para atajar uno de los grandes problemas demográficos del siglo XXI, los pueblos en decadencia. La provincia, por llenar.

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