La esperanza como relato

La opinión de Vicente Cornelles, periodista y escritor

La esperanza es el relato anticipado de que te pasen cosas bonitas. Una fabulación mental por la cual deseas que tus sueños se hagan realidad. Además, como es lo último que se pierde, las posibilidades de que ocurra aquello que más ansias son máximas. Por segundo año consecutivo, los castellonenses no hemos podido disfrutar de las fiestas de la Magdalena (Castelló lidera el triste honor del ránquing de fiestas mayores suspendidas por la pandemia, con dos ediciones), pero ello no significa que durante esta semana que acaba, y que hubieran sido los días de celebración de los festejos, no hayamos inoculado en el corazón el color verde magdalenero y la luz de las gaiatas, máximo símbolo de nuestros festejos, y que en un año vuelva el tercer domingo de Cuaresma con su realidad tangible.

No han faltado a lo largo de estas jornadas los cantos de sirena maximalistas y maniqueos, -es un clásico todos los años en una ciudad acomplejada-, de cambiar la fecha de celebración de los rituales y ceremonias que acompañan la festividad, con más fuerza desde el argumentario orillado de parte de la izquierda y de la burguesía nacionalista contra el origen religioso de la misma, y reivindicar una Magdalena laica, (una falacia, porque todas las fiestas populares de este país tiene el marchamo de la religión, desde los Carnavales, que se manifiestan, porque después llega la Cuaresma, a las Fallas…de San José y las Hogueras…de San Juan), y la calificación equivocada de “franquista” de la estructura actual de las fiestas, cuando muchos de los que la ‘fabricaron’ no eran adictos al régimen, y canalizaron sus inquietudes a través del desarrollo de la nueva arquitectura magdalenera.

Pero, además, habría que recordar el axioma de San Ignacio de Loyola cuando dice que “en tiempos de tribulación nunca hacer mudanza, y más estar firme y constante en los propósitos y determinación” , y queramos o no, seguimos -y seguiremos mucho tiempo- con esta pandemia, como mínimo con la utilización de la mascarilla, que ha llegado para quedarse. Por ello, esas esperanzas adquieren mucho más valor. Las de entregarnos de nuevo al torbellino de sensaciones que se inician el sábado del Pregó a las 12.00 horas, y finalizan cuando las reinas gritan el Magdalena que es contestado con fervor con el Vitol! por parte de los castellonenses. Porque Castelló es tan castellonera que decide ella misma cuando comienza y se consagra la primavera: el tercer domingo de Cuaresma. Y porque la esperanza es de color verde, el del pañuelo magdalenero.

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