Astra Zeneca y una experiencia de amor

Víctor Bisquert, concejal de Poble Nou de Benitatxell y profesor, relata lo agradecido que se siente por haber sido vacunado con AstraZeneca.

El miedo y su reacción paralizadora, física y mental, como es el pánico, son la peor enfermedad que existe contra cualquier acción humana que quiera llevarse a cabo de forma clara y coherente. El miedo paraliza al individuo y también al cuerpo social y político. Por eso, alimentar el proceso de vacunación con más miedo e incertidumbre supone un daño grave y un retroceso ante una situación ya de por sí terrible como es la pandemia que estamos viviendo.

Desde hace semanas, el deterioro de la imagen de la vacunación con el suero de Astra Zeneca ha ido in crescendo, debido a las informaciones que han aparecido sobre efectos secundarios graves, limitados, pero muy agitados y comentados, como no, por unos medios de comunicación que han hecho un buen uso mediático de estas reacciones. Y esto a pesar de que la vacuna de Oxford es la que menos efectos adversos ha reportado en España, según los últimos datos publicados por la Agencia Española del Medicamento (Aemps).

Por este motivo es importante hacer un llamamiento a los medios de comunicación para que reflexionen sobre qué información dan a la ciudadanía, qué información no dan y de qué manera se les informa, para poder evitar así la propagación de un pánico generalizado hacia una vacuna concreta. Un temor que en nada nos beneficia y que puede hacer pensar, a veces, que detrás de la información que aparece en los medios hay intereses económicos y políticos. Porque lo que requiere la vacunación, sobre todo ahora que ha empezado, es que se realice con total confianza por parte de la población y no con miedo.

El miércoles, el comité de seguridad de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) reconoció que podía existir un posible vínculo entre la vacunación con AstraZeneca y la aparición de casos de trombos muy “inusuales”. No obstante, la EMA recomendó seguir vacunando con esta vacuna sin límites de edad porque “las ventajas de la vacuna para evitar la Covid-19 son claras y los riesgos muy extraños”. Pero a pesar de esto, el Ministerio de Sanidad junto a la mayoría de comunidades autónomas, decidieron paralizar el uso del suero de Oxford en menores de 60 años y solo utilizarla para población de entre 60 y 69 años.

Con esta decisión hemos pasado en unas semanas de utilizar la vacuna de AstraZeneca solo en menores de 55 años, por falta de evidencias en grupos de mayor edad, a paralizar la vacuna durante unos días. Luego a reprender el proceso de vacunación a población adulta hasta los 65 años y, finalmente, a solo utilizarla para personas de entre 60 y 69 años. Estos cambios constantes y divergentes, sumados a la falta de una coordinación clara en las decisiones a nivel europeo han generado, todavía más, un aumento del miedo y la ansiedad hacia la vacunación con AstraZeneca. Algo muy peligroso, porque no se puede parar el proceso de vacunación en medio de una posible cuarta ola, ni desechar millones de dosis que necesitamos aquí y en todo el mundo.

Por eso, ante el miedo y la incertidumbre generada necesitamos objetividad, confianza y resiliencia ante los problemas surgidos. Y dado que enfocarnos solo en los aspectos negativos, como tendemos a hacer, solo genera frustración, desconfianza y miedo, me gustaría aportar mi grano de arena hablando de mi experiencia personal con la vacuna de AstraZeneca para tratar de poner un poco de objetividad, positividad y certezas en el proceso de vacunación con el suero anglo-sueco.

Como docente valenciano tuve el inmenso privilegio (es importante recordar esto cuando hay millones de personas pobres sin acceso a la vacuna) de vacunarme hace unas semanas. La vacunación, que se realizó con AstraZeneca, fue de las primeras vacunaciones de carácter masivo que se realizaron en el País Valenciano. Y hay que agradecer tanto a las consellerias implicadas como a las enfermeras y enfermeros responsables la impecable organización llevada a cabo, el esfuerzo y el trabajo bien hecho.

El proceso de vacunación empezó ya el día previo a la cita. En el instituto podías encontrar corrillos de docentes hablando del miedo y la ansiedad que sentían al tener que vacunarse con AstraZeneca, por toda la información mediática que estaba apareciendo. Pero, a pesar de esto, la inmensa mayoría de personal del centro acudió a la vacunación. Porqué todas éramos conscientes que era una cuestión de responsabilidad social y sanitaria. Y la verdad es que el día de la vacunación, a pesar de los nervios, fue una de las experiencias más bonitas que he vivido.

El hecho de tratarse de una vacunación colectiva en un mismo espacio y sin la intimidad de una sala médica impactaba, pero esto nos permitió compartir algo muy importante en una sociedad cada vez más hiperindividualista. Nos permitió compartir el miedo y los nervios de los momentos previos. Compañeras y compañeros que parecían nunca ponerse nerviosos ni sentir temor también les temblaban las piernas antes de entrar. Y compartiendo estas sensaciones los momentos previos, conseguíamos calmarnos y entrar con una actitud positiva y más tranquila a la vacunación. Era un acto de cuidado mutuo y de confraternidad ante lo que íbamos a vivir.

Todas y todos éramos conscientes de la historicidad del momento y que podía suponer el inicio del final de esta “pesadilla” que estamos viviendo. Y esta sensación, a veces eufórica, aumentó considerablemente nuestra empatía y nuestra proximidad.

Aquel día nos permitió hablar y compartir experiencias con compañeros y compañeras con los que nunca habíamos hablado. Darnos ánimos y conocer las sensaciones tras la vacunación e, incluso, celebrar aquel momento de felicidad colectiva.

Más tarde empezaron los mensajes por los grupos de whatsapp para conocer como estábamos, si habíamos tenido alguna reacción, etc. La experiencia de la vacunación colectiva nos había sacado lo más humano de nosotros: el cuidado y la protección. Tan necesarios en nuestros días. Fue un momento precioso que nos unió más como profesionales y como seres humanos y que será imposible de olvidar.

Y, a pesar de que habíamos acudido con miedo por los posibles efectos secundarios, la inmensa mayoría de compañeras y amigas que se vacunaron con AstraZeneca, pasaron la vacunación sin apenas efectos. Las personas con fiebre alta y dolores musculares fueron minoría y a muchos nos sorprendió y llegó a causarnos dudas: ¿No habían dicho que la vacuna provocaba reacciones importantes? ¿Y si a mí no me ha funcionado? ¿Me habrán vacunado bien?…

Y es que, demasiadas veces, la (des)información mediática nos crea realidades y expectativas ficticias. Por eso, ante tantas tertulias televisivas que hablan de salud y opinan sobre la vacunación necesitamos más pedagogía científica y compartir las experiencias personales positivas para que se conozcan y ayuden a superar los momentos de pánico e incertidumbre. Porque estas experiencias sí son reales.

Pero aunque las experiencias personales puedan ayudar a evadir el miedo y a generar confianza, todavía más importante es la adopción de acciones políticas concretas que transmitan seguridad y coherencia a la ciudadanía. Unas acciones que pasan por la asunción de una gobernanza clara y de una total coordinación de las decisiones tomadas entre comunidades autónomas y entre todos los países de la Unión Europea; instar a evitar crear pánico mediático apostando por una educación científica y sanitaria de calidad a través de los medios; poner fin a los enfrentamientos geopolíticos que bloquean la llegada de nuevas vacunas de probada eficacia; y, sobre todo, eliminar las patentes de las vacunas, para que se acelere su producción, no se conviertan en un gran negocio lucrativo y puedan llegar dosis suficientes a todos los rincones del planeta.

Si se toman estas acciones y se comparten las experiencias positivas con la vacunación, que son la mayoría, frenaremos el miedo, aceleraremos el proceso de vacunación y venceremos definitivamente el virus.

Víctor Bisquert Ferrer

Concejal de Poble Nou de Benitatxell y profesor vacunado con AstraZeneca

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