Sin conjugar el verbo gestionar

Vicente Cornelles, periodista y escritor expone su opinión sobre la gestión municipal en la capital de la Plana

De turquesa y naranja a gris metalizado (marengo es elegante). La ciudad muda de color. La agresión medioambiental sufrida por el parque de Rafalafena, con arbustos destrozados, árboles arrancados, invasión de coches y suciedad por doquier el pasado finde semana tras la celebración de un festival, es un capítulo más de la falta de gestión municipal en Castelló.

Todo ello se hubiera evitado si hubiera habido mayor vigilancia y una preocupación constante ante lo que podía ocurrir en el recinto, amén de una intervención rápida de las brigadas de limpieza acabado el evento. Pero, no fue así. El abandono y la desidia marcaron el día después.

El listado de agravios se suceden en la capital de la Plana ante una escasa respuesta del consistorio a los problemas cotidianos de los castellonenses. Una nómina de carencias y necesidades no resueltas que van desde la lucha contra los mosquitos que, un año más, atenazan a los castellonenses, al silencio corporativo para pedir la conexión aérea con Madrid, por no hablar del no rotundo de la alcaldesa a la consellera de Memoria Democrática del cambio de rotulación de calles con presuntos nombres franquistas.

Pero, también un pobre alumbrado sin solucionar, el retraso de la apertura del centro de Alzheimer de La Pineda causado por la Conselleria de Mónica Oltra, la suciedad en las calles, grandes inmuebles en desuso (el antiguo Asilo de Ancianos, la antigua Comisaria, la residencia de Suboficiales, el convento de los Carmelos o la clínica Santa Teresa) y el lamentable estado del parque de la Antigua Corona de Aragón, donde los padres no pueden bajar con sus niños a jugar por la presencia de indigentes y la porquería que dejan.

El Ayuntamiento (no uno, sino tres a tenor de las decisiones unipersonales de cada uno de los tres partidos que conforman la coalición de gobierno en un misterio de la Trinidad laico con una alcaldesa verdadera) no solo tarda en diligenciar los asuntos del día a día, sino que hay una parálisis escondida bajo eventos mediáticos que no interesan a nadie y estrategias de comunicación de realidad dictada paralela. Todo, menos conjugar el verbo gestionar.

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